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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra P, Protector o protección contra las excitaciones



Protector o protección contra las excitaciones
Al.: Reizschutz.
Fr.: pare-excitations.
Ing.: protective shield.
It.: apparato protettivo controlo stimolo.
Por.: pára excitações.
Término utilizado por Freud, dentro del marco de un modelo psicofisiológico, para designar una
determinada función y el aparato que le sirve de soporte. La función consiste en proteger
(schützen) al organismo contra las excitaciones provenientes del mundo exterior que, por su
Intensidad, ofrecerían el peligro de destruirlo. Este aparato se concibe como una capa superficial
que envuelve al organismo y filtra pasivamente las excitaciones.
El término Reizschutz significa literalmente protección contra la excitación; Freud lo introduce en
Más allá del principio del placer (Jenseits des Lutsprinzips, 1920) y lo utiliza especialmente en
Nota sobre el «bloc de notas mágico» (Notiz über den «Wunderb1ock», 1925) en Inhibición,
síntoma y angustia (Hemmung, Symptom und Angst, 1926) para explicar una función protectora
y, sobre todo, para designar un aparato especializado. Los traductores ingleses y franceses no
siempre recurren al mismo término para estos diversos empleos. Nosotros consideramos
preferible, para hacer resaltar mejor el concepto, buscar un equivalente del término freudiano, y
proponemos el de protector contra las excitaciones.
Desde el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895), Freud postula la
existencia de aparatos protectores frente a las excitaciones externas (Quantitätsschirme). Las
cantidades de energía que actúan en el mundo exterior no son del mismo orden de magnitud que
las que el aparato psíquico tiene por función descargar: de ahí la necesidad de que existan, en el
límite entre lo externo y lo interno, «aparatos de terminación nerviosa» que «[...] sólo dejen pasar
fracciones de las cantidades exógenas». Frente a las excitaciones provenientes del interior del
cuerpo, tales aparatos serían innecesarios, ya que las cantidades de energía que aquí
intervienen son desde un principio del mismo orden de magnitudes que las que circulan entre las
neuronas.
Observemos que Freud relaciona la existencia de aparatos protectores con la tendencia
originaria del sistema neuronal a mantener la cantidad a cero (Trägheitsprinzip: Principio de
inercia).
En Más allá del principio del placer, Freud se basa, para ofrecer una teoría del trauma, en la
representación simplificada de una vesícula viva. Ésta, para subsistir, debe rodearse de una
capa protectora que pierde sus cualidades de substancia viva y se convierte en una barrera
cuya función consiste en proteger la vesícula frente a las excitaciones exteriores,
incomparablemente más intensas que las energías internas del sistema, aunque dejándolas
pasar en una relación proporcional a su intensidad, de forma que el organismo reciba
informaciones del mundo exterior. Dentro de esta perspectiva, el trauma puede definirse, en su
primer tiempo, como una efracción, sobre una amplia extensión del protector contra las
excitaciones.
Esta hipótesis de un protector contra las excitaciones forma parte de una concepción tópica: por
debajo de esta capa protectora se encuentra una segunda capa, la capa receptora, definida en
Más allá del principio del placer como el sistema Percepción-Conciencia. Freud comparará esta
estructura por pisos a la de un «bloc de notas mágico».
Se observará que, si Freud, en los textos citados, niega la existencia de una protección frente a
las excitaciones internas, ello se debe a que describe el aparato psíquico en una fase
lógicamente anterior a la constitución de las defensas.
¿Qué sentido debe darse al protector contra las excitaciones? Para responder a esta pregunta,
sería necesario tratar en su conjunto el problema del valor que debe concederse a los modelos
fisiológicos. Limitémonos a señalar que frecuentemente Freud le atribuye una significación
material: en el Proyecto alude a los órganos sensoriales receptores; en Más allá del principio
del placer sitúa los órganos de los sentidos bajo «el protector contra las excitaciones de todo el
cuerpo (allgemeiner Reizschutz)», que aparece entonces como un tegumento. Pero también
atribuye al protector contra las excitaciones una significación psicológica más amplia, que no
implica un soporte corporal determinado, hasta reconocerle un papel puramente funcional: la
protección contra la excitación viene asegurada por una catexis y un retiro de la catexis
periódicos del sistema percepción-conciencia. Así, éste sólo extraería «muestras» del mundo
exterior. El fraccionamiento de las excitaciones sería entonces el resultado, no de un dispositivo
puramente espacial, sino de un modo de funcionamiento temporal que garantizaría una
«inexcitabilidad pediódica».