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Estudio del psicoanálisis y psicología

Diccionario de psicología, letra R, Relación de objeto (u objetal)



Relación de objeto
(u objetal)
Al.: Objektbeziehung. -
Fr.: relation d'objet. -
Ing.: object-relationship u object-relation. -
It.: relazione oggetuale. -
Por.: relação de objeto u objetal.

Término utilizado con gran frecuencia en el psicoanálisis contemporáneo para designar el modo
de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una
determinada organización de la personalidad, de una aprehensión más o menos fantaseada de
los objetos y de unos tipos de defensa predominantes.
Se habla de las relaciones de objeto de un determinado Individuo, pero también de tipos de
relaciones de objeto, refiriéndose, ora a los momentos evolutivos (ejemplo: relación de objeto
oral), ora a la psicopatología (ejemplo: relación de objeto melancólica).
El término «relación de objeto» se encuentra ocasionalmente en los escritos de Freud; así pues,
resulta inexacto decir, como se ha hecho, que Freud la ignora; con todo, puede sin duda
afirmarse que no forma parte de su aparato conceptual.
Sin embargo, a partir de los años 30, el concepto de relación objetal ha adquirido una importancia
creciente en la literatura psicoanalítica, hasta el punto de constituir actualmente, para muchos
autores, la referencia teórica fundamental. Como ha subrayado a menudo D. Lagache, esta
evolución inclusive en un movimiento de ideas que no es exclusivo del psicoanálisis y que
conduce a no considerar ya al organismo aislado, sino en interacción con su ambiente. M. Balint
ha sostenido la idea de que en psicoanálisis existía una separación entre una técnica basada en
la comunicación, en las relaciones de persona a persona, y una teoría que, según expresión de
Rickman, seguía siendo one-body psychology. Para Balint, que desde 1935 insistió en que debía
prestarse mayor atención al desarrollo de las relaciones objetales, todos los términos y
conceptos psicoanalíticos (a excepción de «objeto» y de «relación de objeto») se referirían al
individuo solo. También R. Spitz hace observar que, dejando aparte un pasaje de los Tres
ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen Zur Sexualtheorie, 1905), que se refiere a
las relaciones mutuas entre la madre y el niño, Freud trata del objeto libidinal sólo desde el punto
de vista del sujeto (catexis, elección objetal).
La promoción del concepto de relación objetal ha conducido a un cambio de perspectiva tanto en
el campo clínico como en el técnico y el genético. No podemos aquí, ni siquiera sumariamente,
efectuar el balance de esta evolución. Nos limitaremos, por una parte, a exponer algunas
observaciones terminológicas y, por otra, a dar indicaciones destinadas a definir a grandes
rasgos el empleo actual del concepto de relación de objeto, relacionándolo con la concepción de
Freud.
I. La expresión «relación de objeto» puede desorientar al lector que no se halla familiarizado con los textos psicoanalíticos. Objeto debe entenderse aquí en el sentido específico que posee en psicoanálisis en expresiones tales como «elección de objeto» y «amor de objeto». Ya es sabido que también una persona es calificada de objeto, en la medida en que hacia ella apuntan las pulsiones; no hay en ello nada de peyorativo, nada especial que implique que a la persona en cuestión se le niegue la cualidad de sujeto.
La palabra relación debe tomarse en su sentido pleno: se trata, de hecho, de una interrelación,
es decir, no sólo de la forma como el sujeto constituye sus objetos, sino también de la forma en
que éstos modelan su actividad. Dentro de una concepción como la de Melanie Klein, esta idea
todavía ve reforzada su significación: los objetos (proyectados, introyectados) ejercen
literalmente una acción (persecutoria, aseguradora, etcétera) sobre el sujeto (véase: Objeto
«bueno», objeto «malo»).
La preposición de (usada en lugar de con el) señala esta interrelación. En efecto, hablar de
relación con el objeto o con los objetos implicaría que éstos preexisten a la relación del sujeto
con ellos y, simétricamente, que el sujeto ya está constituido.
II. ¿Cómo situar la teoría freudiana respecto al concepto actual de la relación objetal?
Se sabe que Freud, en su afán de analizar la noción de pulsión, distinguió la fuente, el objeto y el
fin pulsionales. La fuente es la zona o el aparato somático que es asiento de la excitación
sexual; la importancia que Freud le concedió la demuestra el hecho de que las distintas fases de
la evolución libidinal se designan con el nombre de la zona erógena prevalente. En cuanto al fin y
al objeto, Freud mantuvo su distinción a todo lo largo de su obra. Así, en diferentes capítulos de
los Tres ensayos, estudia las desviaciones en cuanto al fin (por ejemplo, el sadismo) y las
desviaciones en cuanto al objeto (por ejemplo, homosexualidad). Asimismo, en Las pulsiones y
sus destinos (Trieb und Triebschicksale, 1915), se encuentra una diferencia entre las
transformaciones de la pulsión ligadas a modificaciones del fin y aquellas en que el proceso
afecta esencialmente al objeto.
Tal distinción se basa especialmente en la idea de que el fin pulsional viene determinado por el
tipo de pulsión parcial de que se trate y, en último análisis, por la fuente somática. Así, por
ejemplo, la incorporación es el modo de actividad propio de la pulsión oral; es susceptible de
desplazarse a otros aparatos distintos de la boca, de transformarse en su contrario
(devorar-ser devorado), de ser sublimado, etc., pero su plasticidad sigue siendo relativa. En
cuanto al objeto, Freud subraya con frecuencia su contingencia; esta palabra connota dos ideas
rigurosamente complementarias entre sí:
a) la única condición que se impone al objeto es la de ser un medio de procurar la satisfacción.
En este sentido, es relativamente intercambiable. Así, por ejemplo, en la fase oral, se considerará
cualquier objeto según su aptitud para ser incorporado;
b) el objeto puede hallarse especificado en la historia del sujeto de tal forma que sólo un objeto
preciso o su substitutivo del mismo, que reúna las características electivas del original, serán
capaces de proporcionar la satisfacción; en este sentido, los rasgos del objeto son
eminentemente singulares.
Se concibe, pues, que Freud afirmase a la vez que el objeto es «lo que hay de más variable en la
pulsión» y que « encontrar el objeto es, en el fondo, volverlo a encontrar».
La distinción entre fuente, objeto y fin, que sirve a Freud de marco de referencia, pierde su
aparente rigidez cuando él considera la vida pulsional.
Decir que, en una determinada fase, el funcionamiento de cierto aparato somático (boca)
condiciona un modo de relación con el objeto (incorporación), equivale, de hecho, a atribuir a
este funcionamiento un papel de prototipo: todas las demás actividades del sujeto (somático o
no) podrán entonces impregnarse de significaciones orales. Asimismo existen numerosas
relaciones entre el objeto y el fin. Las modificaciones del fin pulsional aparecen como
determinadas por una dialéctica en la que el objeto desempeña también su papel; especialmente
en los casos del sadomasoquismo y del voyeurismo-exhibicionismo: « la vuelta hacia la propia
persona [cambio de objeto] y la transformación de la actividad en pasividad [cambio de fin] se
asocian o se confunden». La sublimación proporcionaría otro ejemplo de esta correlación entre
el objeto y el fin.
Finalmente, Freud consideró en conjunto algunos tipos de carácter y de relación objetal y
describió en sus trabajos clínicos cómo podía encontrarse una misma problemática en
actividades aparentemente muy distintas de un mismo individuo.
III. Cabe preguntarse entonces qué aporta de nuevo la concepción postfreudiana de la relación
de objeto. Resulta difícil responder a esta pregunta, ya que las concepciones de los autores que
se refieren a esta noción son muy diversas y sería artificial intentar encontrar denominadores
comunes. Nos limitaremos a las siguientes observaciones:
1) El empleo actual de la relación de objeto, sin que implique propiamente una revisión de la teoría
freudiana de la pulsión, ha modificado su equilibrio.
La fuente, en tanto substrato orgánico, pasa claramente a segundo plano; se acentúa su valor
de simple prototipo, ya reconocido por Freud. En consecuencia, el fin aparece menos como la
satisfacción sexual de una zona erógena determinada: su noción misma palidece con respecto a
la de relación. Lo que se convierte en el centro del interés, por ejemplo, en la «relación objetal
oral», son los avatares de la incorporación y la forma en que ésta se vuelve a encontrar como
significación y como fantasma predominante dentro de todas las relaciones del sujeto con el
mundo. En cuanto a la posición del objeto, parece que muchos analistas contemporáneos no
admitirían ni su carácter extremadamente variable con vistas a la satisfacción buscada, ni su
unicidad en tanto que se halla inscrito en la historia propia del sujeto: más bien se orientarían
hacia una concepción de un objeto típico de cada modo de relación (se habla de objeto oral, anal,
etc.).
2) Esta búsqueda de lo típico va todavía más lejos. En efecto, dentro de una determinada
modalidad de relación objetal, no sólo se toma en consideración la vida pulsional, sino también los
mecanismos de defensa correspondientes, el grado de desarrollo y la estructura del yo, etc., por
cuanto éstos son igualmente específicos de tal relación(47). Así, la noción de relación objetal
aparece a la vez como un concepto global («holístico») y tipificador de la evolución de la
personalidad.
Señalemos a este respecto que el término «fase» tiende a desaparecer a expensas del de
relación objetal. Este cambio de acento permite concebir que, en un sujeto dado, se combinen o
alternen varios tipos de relaciones de objeto. Por el contrario, sería contradictorio en los términos
invocar la coexistencia de varias fases.
3) En la medida en que el concepto de relación objetal, por definición, hace recaer el acento en la
vida relacional del sujeto, ofrece el peligro de conducir a algunos autores a considerar como
principalmente determinantes las relaciones reales con el ambiente. Esta desviación sería
rechazada por todo psicoanalista, ya que para éste la relación de objeto debe estudiarse
esencialmente a nivel de la fantasía, por cuanto se admite que ésta puede modificar la
aprehensión de lo real y, en consecuencia, los actos que de ésta derivan.