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Estudio del psicoanálisis y psicología

Las emociones y la inteligencia: componentes de la inteligencia emocional



Para lograr que nuestras emociones jueguen a favor de nosotros y que guíen nuestro comportamiento con el fin de alcanzar mejores resultados, es que se desarrolló el concepto de inteligencia emocional, el cual comprende y se desarrolla en cinco áreas fundamentales de habilidades:

1. Conocer las propias emociones. La conciencia de uno mismo. El reconocer un sentimiento
mientras ocurre, es la clave de la inteligencia emocional. Una mayor certidumbre con respecto a nuestras emociones es una buena guía para las elecciones vitales, la falta de esta habilidad nos deja a merced de nuestras emociones. En el proceso de autoconocimiento o autoexploración, es importante tener en cuenta:
• Que es la valoración y no el comportamiento del otro lo que causa nuestra reacción.
• Ser muy conscientes de que nuestra valoración es sólo nuestra.
• Aceptar que las valoraciones están sujetas a cambio.

2. Manejar las emociones. Se basa en la capacidad anterior. Las personas que saben serenarse y librarse de la ansiedad, irritación o melancolías excesivas, se recuperan con mayor rapidez de los reveses de la vida, a diferencia de aquellas que poseen un menor control y que, por ende, caen constantemente en estados de inseguridad. Cuando deseamos orientar nuestro esfuerzo en la solución de un problema que se nos plantea, necesitamos tomar el mando de nuestros pensamientos y emociones, por ello resulta relevante considerar:
• El problema real no es quién está involucrado. El problema real es cómo respondemos.
• El problema real no es que nos moleste el problema. El problema real es cómo me siento.
• El problema real no es cómo ha ocurrido. El problema real es cuándo lo tratamos de resolver.
• Manejar o controlar nuestras emociones no significa ahogarlas o reprimirlas.

3. Automotivación. Las personas que saben controlar la impulsividad y esperar para obtener su
recompensa, cumplen con sus objetivos y están conformes con sus logros. Dirigir las emociones para conseguir un objetivo permite mantener los esfuerzos, actuar en forma más creativa y desarrollar, por consiguiente, una mayor productividad y eficacia. El uso productivo de nuestra emoción puede responder a la siguiente cadencia:
• Sintonía de pensamientos e interpretaciones.
• Uso de frases motivadoras y diálogos internos constructivos.
• Sentido del humor.
• Relajación.
• Actividad física.
• Uso de técnicas de resolución de problemas.
• Apoyo en nuestro equipo de personas-soporte.
• Reapreciación de metas y establecimiento de otras nuevas.

4. Empatía. La capacidad para reconocer las emociones de los demás, saber qué quieren y qué necesitan, es la habilidad fundamental para establecer relaciones sociales y vínculos personales. Dentro de este marco de relaciones interpersonales, algunos indicadores que deben considerarse son:
• Autoapertura: es no hablar desde lo absoluto, sino desde la interpretación que nosotros damos a
nuestros datos, siendo sensibles a los sentimientos del otro y cuidando mucho el lenguaje corporal.
• Asertividad: en Gestión de la Inteligencia Emocional, a la asertividad le damos una acepción especial, basada en la habilidad de mantener nuestros derechos, opiniones, creencias y deseos, respetando al mismo tiempo las del otro, lo que contrasta con la agresividad, que no las tiene en cuenta, o la pasividad, que ignora las propias.
• Escucha activa: en la escucha activa hemos de poner énfasis en desactivar nuestros filtros de
recepción, sintetizar las declaraciones del otro, usar frases de dinamización, dar noticia de que somos conscientes de los sentimientos del otro y usar apropiadamente las pistas no verbales de quien se nos da.

5. Manejar las relaciones. Esto significa saber actuar de acuerdo con las emociones de los demás y de producir sentimientos en los demás: determinar la capacidad de liderazgo, de popularidad, de eficiencia en las relaciones interpersonales. Para ello resulta útil considerar lo siguiente:
• Separar las personas de los temas.
• Enfocar en intereses y no en posiciones.
• Establecer metas precisas de la negociación.
• Trabajar juntos para crear opciones que favorezcan a ambas partes.