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Estudio del psicoanálisis y psicología

La estructura de la personalidad: Yo, Ello y Superyó



La estructura de la personalidad: Sustituye el concepto de los planos, consciente con asiento de los instintos del “yo”, e inconsciente con los deseos sexuales y los impulsos hostiles reprimidos por la censura, por tres categorías que interaccionan: el Ello, el Yo y el Superyó. El ello, que almacena impulsos caóticos, independientes entre sí, primitivos y subordinados al principio del placer, que no están controlados por la moral o los temores ni organizados en forma temporal; el yo, que se desprende del ello por contacto repetido con el mundo exterior, se basa en el principio de la realidad, impone la represión y la inhibición de los instintos, gobierna las funciones intelectuales y motrices que relacionan al individuo con el ambiente y debe enfrentar las imperiosidades instintivas del ello, las exigencias del mundo ambiente y las normas del superyó, todas las cuales comprometen el sentimiento de seguridad del individuo, su propia estimación, la obtención de su autoaprobación, las relaciones satisfactorias con sus semejantes y la expresión de sus potencialidades por la inminencia de la producción de angustia. Frente a ella se defiende, como mecanismo que se ejerce a través de la represión, y que produce los hechos aislados de la vida diaria, los rasgos de carácter y síntomas neuróticos o psicóticos. El yo comprende tres partes o sectores: Uno consciente, otro pre-consciente, es decir, que en cualquier momento se puede hacer consciente y un último inconsciente constituido por experiencias o sentimientos reprimidos. El superyó es el tercer sector de la personalidad concebida de acuerdo con esta hipótesis. No basta restringir la perentoriedad y el primitivismo del ello por el peligro del castigo o por reprobaciones del ambiente. Hay muchos impulsos realizables en secreto que son, sin embargo, contenidos por el miedo al remordimiento y a las amenazas impuestas por las fantasías de castigo, miedo que surge del superyó y que para Freud resulta de sedimentos de experiencia. No se trata aquí, como en el caso del yo, de funciones de aceptación, rechazo o ejecución, sino de funciones de autoridad, prohibición o amenaza. El superyó comprende una parte consciente, que es el miedo a la mala conciencia y a los sentimientos compulsivos a un ideal y otra parte inconsciente que se traduce en el sufrimiento neurótico.