Melanie Klein fue discípula y continuadora de Freud.
A través de su trabajo, realizado en sus inicios principalmente con niños, expandió
el campo de conocimiento y comprensión abierto por Freud y dio con
nuevas formulaciones que, en ciertos aspectos, desarrollaron las ideas
freudianas y, en otros, se apartaron de ellas.
Hacia 1919, cuando Melanie Klein inició su obra, la teoría psicoanalítica había evolucionado ya considerablemente y la teoría freudiana del desarrollo psíquico se hallaba, en algunos aspectos,
completa.
Sin embargo, quedaban por aparecer dos nuevas formulaciones teóricas fundamentales.
La década de 1920 constituyó un momento decisivo para la teoría psicoanalítica.
En 1920 Freud expuso su teoría sobre la dualidad de las pulsiones en «Más allá del principio del placer», pulsiones de vida y muerte y en 1923, en «El Yo y el ello» , elaboró en profundidad la teoría estructural de la mente en términos del ello, el yo y el superyó, avances que también condujeron a un cambio en su visión de la naturaleza del conflicto psíquico, la ansiedad y la culpa.
Melanie Klein, quien a través de su trabajo con niños se había convencido de la importancia de la agresión innata, fue, entre los principales continuadores de Freud, la única en adoptar íntegramente
su teoría de la pulsión de muerte y elaborar sus implicaciones clínicas.
Desarrolló asimismo la teoría estructural, arrojando nueva luz sobre el origen, composición y funcionamiento del superyó. Su enfoque de la ansiedad y la culpa concuerda más con las formulaciones tardías de Freud que con sus ideas más tempranas.
Melanie Klein ofrece tres conceptos básicos para comprender el desarrollo infantil.
Para ello se basa en las etapas de Freud y considera que los niños pasan de una a otra, situación que se da en función de cómo haya sido el desarrollo de las posiciones.
Para definir una posición Melanie Klein considera tres elementos esenciales: el tipo de objeto con el que el niño interactúa; sus mecanismos de defensa; y la fantasía inconsciente que constituye la base de la relación.
En esa línea de pensamiento se darían, entonces dos posiciones importantes en los niños: la posición equizoparanoide y la posición depresiva.
En la primera, el niño debe enfrentar dos problemas fundamentales: definir cual es el objeto de su amor, y segundo superar su agresividad destructora.
Para Klein el Complejo de Edipo comienza en el primer año de vida, y en ambos sexos se inicia siguiendo caminos similares.
La relación con el pecho es uno de los factores esenciales que influye.
La satisfacción experimentada con el pecho materno le permite al niño dirigirse a otros objetos, ante todo al pene del padre. La frustración, inevitable, sufrida con el pecho, impulsa al niño a abandonarlo y buscar el pene. Pecho y pene son los objetos primarios de los deseos orales del niño.
La escisión en pecho bueno-idealizado y pecho malo-perseguidor es trasladada a la relación ulterior con el pene del padre.
El desengaño inevitable refuerza la regresión hacia el primer objeto.
Según las ocasiones cada objeto puede convertirse en bueno o malo. Esta oscilación entre los diferentes aspectos de las imagos primarias significa una interacción entre los estadios tempranos del Complejo de Edipo, invertido y positivo.
Los deseos genitales se unen pronto a los impulsos orales del niño, van dirigidos hacia la madre y el padre.
Desde el comienzo el temor del niño a la pérdida de sus objetos queridos, como consecuencia de su odio y agresión, intervienen en su relación con los objetos y en el Edipo.
Como resultado de estos sentimientos surge la necesidad de reparación.
El desarrollo edípico del varón:
Si el niño puede desplazar una parte de sus deseos tiernos y libidinosos del pecho de la madre al pene del padre, y al mismo tiempo seguir considerando al pecho como objeto bueno, imaginará el pene del padre como un órgano bueno y creador que le causará satisfacción libidinosa y le dará niños como se los da a su madre.
Esta es la raíz del complejo de Edipo invertido., condición previa para la capacidad del varón de desarrollar sus deseos edípicos positivos.
Sólo cuando tiene la creencia de la bondad del genital masculino, del padre y el suyo, puede experimentar deseos genitales hacia su madre.
Cuando el temor al padre castrador está mitigado por su confianza al padre bueno, puede enfrentar su odio y rivalidad edípicas.
Se desarrollan simultáneamente las tendencias edípicas invertidas y positivas.
Tan pronto se tienen sensaciones genitales se activa el temor a la castración.
Este temor se vivencia bajo el predominio de la libido oral (temor a que su pene vaya a ser arrancado de un mordisco por su padre, y como contrapartida, deseo de arrancar mordiendo el pene del padre).
Si se produce una unión e identificación con su padre bueno el niño percibe que su pene adquiere cualidades reparadoras y creadoras. Todas estas emociones y fantasías le permiten enfrentar su temor a la castración y establecer de un modo firme su posición genital.
El desarrollo edípico en la niña:
Los estadios tempranos del desarrollo edípico coinciden con los del niño.
A la niña se le presenta el deseo de recibir el pene cuando, dada la naturaleza receptiva de sus órganos genitales se le refuerzan las sensaciones correspondientes.
Para M. Klein la vagina está representada en el Inconciente.
La niña tiene un conocimiento inconciente que su cuerpo contiene bebés en potencia.
El pene del padre como objeto que da bebés se convierte en un objeto fuertemente deseado y admirado por la niña.
La niña tiene dudas acerca de su capacidad de poder tener niños, se siente en una posición de desventaja al compararse con su madre.
A diferencia del varón, cuya potencia se refuerza por la posesión del pene, la niña no tiene cómo tranqulizarse respecto a su fertilidad futura.
El rasgo esencial del desarrollo de la niña lo constituye el hecho de que su desarrollo genital está centrado en el deseo femenino de recibir el pene paterno y su preocupación inconciente principal sea la referente a sus bebés imaginados..
Su deseo de poseer un pene y de ser varón es expresión de su bisexualidad. Su deseo de tener un pene propio es secundario a su deseo de recibir el pene.
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