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Estudio del psicoanálisis y psicología

La problemática de la consulta del adolescente (Teórico de Ricardo Rodulfo)



La problemática de la consulta del adolescente (Teórico de Ricardo Rodulfo)

Fecha: 21/06/06

Fuente: Material de la materia "Clínica de Niños y Adolescentes" de la UBA

Vamos a entrar en la problemática de la consulta del adolescente y de la consulta por el adolescente, y ciertas particularidades ligadas a la clínica con chicas y chicos de esta edad, incluso cuando no están en una posición netamente adolescente.

En general no es algo que esté escrito sistemáticamente en alguna parte. Yo trato de darles algo que no se pueda leer cómodamente en un libro, sino más bien trabajar cosas que no están editas. A veces uno retoma un tema que sí está escrito, pero desde otra perspectiva, y la bibliografia se suma. 

Les recuerdo, el libro Trayectorias turbulentas y  Estudios clínicos.

Lo primero que se podría decir, la consulta de y por un adolescente, definen dos posibilidades.

A veces, la situación de consulta aparece como una iniciativa del adolescente, que la familia secunda o no, o más o menos. Depende...

Otras veces, la consulta, es por un ad. Y la iniciativa es de los padres o también a veces, corresponde a las instituciones escolares. Es de allí desde donde se propone, presiona, en el buen sentido-, plantea la utilidad de una consulta, que los padres por sí mismos, parece que no tendrían la iniciativa de realizar.

A veces se llega a plantear, que como condición de permanencia del chico en el colegio, que se haga una evaluación psicológica O un tratamiento. El papel de la escuela ahí es importante., bastante decisivo, porque desbloquea situación, obliga a dejar de negar una problemática., sobretodo, porque la familia es sensible, está abierta al veredicto del colegio, o a la problemática de cómo le vaya al chico en el colegio. De modo que ese es un punto que tiene la utilidad de superar resistencias. Lo mismo ocurre con niños, que son empujados por la escuela, que no harían sino la consulta, o que lo único que moviliza a veces a la familia, es que al chico le vaya mal en la escuela.

Si el ad se pliega, si la acepta, si se muestra oscilante, entre la aceptación  y el rechazo o directamente se niega, y si viene, viene en una actitud negativista.

La primera actitud que clínicamente conviene es no apurarse. No hay ninguna  decisión  rápida que tomar en una entrevista.

Por ej., no apurarse a decir “si él no quiere, entonces, no”. Porque podría ser que fuera alguien que está en una situación de riesgo desde el punto de vista de una patología potencial.

En todos los casos lo mejor es tomarse tiempo.

Toda la clínica de tipo psicoanalítico, tendría que caracterizarse por una posición de mucha flexibilidad. De flexibilidad a la singularidad de la situación.

Realmente, examinar cada situación, sin esquemas preconcebidos.

No es fácil de hacer, sobre todo, al trabajar para un hospital, una obra social, una prepaga, donde se imponen ciertos procedimientos, presionados por ciertas normas, de tipo burocrático. Está previsto, por ejemplo, primero se ve a los padres...

La mejor técnica es no tener ninguna prearmada. Sacarse de la cabeza, secuencias preestablecidas. Por ejemplo, Primero diagnóstico y después tratamiento. Por ejemplo, cuatro entrevistas para diagnóstico. Después, devolución a la familia y después, el tratamiento.

Detrás de esta postura, hay una presuposición peligrosa, que es que si se consulta, por algo será..., y que el tratamiento es siempre necesario. Ese “por algo será”, que tiene mala reputación en otros terrenos, goza de una merecida mala reputación, y en este caso también. Que alguien consulte, no quiere decir que haya una enfermedad. A veces, lo más terapéutico puede ser decir “aquí no hace falta una intervención profesional”.No psicopatologizar toda la vida. Uno le puede encontrar la vuelta a todo el mundo para poner a todo el mundo en terapia, lo cual es absurdo. Y además, no sirve. 

Hay que sospechar

Yo uso el termino consulta, tomado de Winnicott, que es una palabra mas neutra, un termino mas ambiguo.

Un buen consejo, si se pudiera dar alguno, seria que uno estudie todo, nunca es suficiente, a cualquier edad profesional, uno siempre está en deuda, con cosas que hay por leer, por trabajar, por más experiencia acumulada...siempre hay mucho por estudiar.

Pero después de haberse leído todo lo posible, en el momento de la consulta, hay que” olvidarse de esto”. Porque sino, en vez de ayudar, interfiere.

Si uno estudio sicopatología, que suele ser muy estructurada, sea siquiátrica, regulada por el DSM 4, la clasificación internacional, sea una psicopatología psicoanalítica, hay muchas, pero la que ustedes más  han podido frecuentar es una psicopatología muy esquemática, reducida a tres estructuras psicopatologicas,en las cuales entraría todo el mundo,

Si uno se maneja con esos esquemas, corre el riesgo de estar en una situación de consulta, obsesivamente condicionado a pensar si el paciente es una neurosis, una psicosis... Esto es muy contraproducente. Funciona, en realidad, como una resistencia a conectarse con la situación. Es algo a poner muy entre paréntesis, sin contar las objeciones que se le pueden formular a cualquier psicopatología. Y mucho mas cuando se trata de niños y ad, esto es mucho mas valido y mas urgente.

Esto funciona, en el caso del PSA de una manera muy contradictoria. Cuando decimos que alguien ES neurótico, estamos asignándole una identidad univoca. Por lo tanto, estamos dentro del principio de identidad aristotélico. A= A. Alguien es idéntico a si mismo. Alguien es neurótico, y la palabra neurótico, daría cuenta de todo el funcionamiento psíquico de esa persona. Lo cual es realmente una barbaridad, pero además es una contradicción, porque en verdad el PSA tiene como uno de sus puntos más innegociables, más específicos, poner en duda el principio de identidad. A no es A. En los textos del mismo Freud, esta bien aclarado, que no funciona el principio de no contradicción, o principio de identidad. La palabra Inconsciente, entre otras cosas quiere decir eso. Decir que alguien es neurótico, incurre en el peor de los esquematismos. Y no es nada mejor que esos profesionales organicistas, de la psiquiatría biológica que reducen todo lo que le pasa a una persona a una cuestión genética, a tal cromosoma, o a tal particularidad metabólica. Es exactamente lo mismo.

En algunas ocasiones sirve un diagnostico rápido, de esas características. Por eso uno no se puede mover por un libro que diga un catecismo. Porque después de decir todo esto, digo, a veces es útil formular rápidamente un diagnóstico. Existe en esta persona una preponderancia de funcionamiento de tipo autista. Porque cuando yo digo es autista, me pongo anteojeras, me predispongo a ver más de lo que dije antes. Si un chico en la familia es definido como” vago”, todo lo que haga y no haga va a ser remitido a que es vago. De esta manera estamos replicando de una manera pseudo científica una manera prejuiciosa de relacionarnos con los demás. Justamente la actitud mas psicoanalítica, sea cual sea la posición teórica que uno tenga, tiene que estar siempre muy abierta a lo impredecible, a lo nuevo que puede estar allí algo que no cierre, para ubicar a alguien en un cuadro, a lo inclasificable, a lo que no tiene un nombre fácil de poner.

Además, como lo marcaban F y W de manera distinta, el diagnóstico solo se puede culminar después o a lo largo de un tratamiento .Es una secuencia errónea diagnostico y después tratamiento. La perspectiva de F era mucho mas abierta. F aconsejaba escribir sobre un caso solo cuando había terminado ese tratamiento. Recién allí buscar conclusiones teóricas generales, formulaciones diagnosticas o psicopatológicas. F decía, para no perjudicar la atención flotante, estar abierto. La síntesis prematura puede inducir a error. Es una posición mas siquiátrica, tener primero un diagnostico claro.

Seria deseable, cuando uno llega a un lugar tener un mapa. Seria deseable tener un mapa, pero no lo hay  en muchos casos. Y es inútil querer forzarlo. Y esto no depende de que el caso sea grave o no.

El otro pecado de la Sicopatología, es que en general prescinde de una teoría de la salud. Sin un criterio de salud, yo puedo confundir una crisis propia de la vida, con una patología. Es como si un odontólogo se alarmara porque se le están cayendo a los chicos los dientes de leche y pensara que hay que ponerle una dentadura postiza...O confundir algo propio de la edad que trae fiebre y molestias, con una enfermedad. Y esto pasa mucho. Si alguien tiene en el disco rígido que toda la gente padece de algo, siempre va a poder encontrar algo. Es como la policía. Cuando no encuentra, se la pone en el bolsillo a la marihuana le pone la marihuana. Un psicólogo puede hacer exactamente lo mismo.

Aunque nuestra disciplina tiene algunos preceptos cuidadosos que podrían hacernos mas prudentes, pero después en la mecánica del trabajo, uno esta en una institución, le exigen un diagnostico, y uno tiene que poner algo...

La otra confusión que puede haber es priorizar mal lo que hay que diagnosticar.

A veces lo que tengo que evaluar primero es una situación, no un rotulo que le cuelgue a alguien. Supongamos que estoy frente a una situación donde no hay condiciones de apoyo., aunque seria aconsejable un tratamiento. Eso va desde lo económico del apoyo hasta otros aspectos que no tienen que ver con lo economía

Supongamos una situación tipo. Ciertas cosas que le están pasando a ese paciente adolescente son funcionales a ciertos equilibrios familiares. Entonces, de una manera inconsciente, nadie quiere que el adolescente se corra de ese lugar, porque generaría un desequilibrio general. En ese caso, lo que tengo que diagnosticar primero es esa situación. No importa tanto en ese momento el diagnóstico psicopatológico. Porque si no me doy cuenta a tiempo de trabajar esa situación en entrevistas con los padres, por ejemplo, en entrevistas familiares, no se va a constituir ninguna situación de tratamiento, por mas que se justificara desde un punto de vista académico.

Yo tengo que tener en primer plano cuestiones de orden práctico, que es lo prioritario de hacer allí. Y si se trata de lograr que alguien este en tratamiento, que pasos hay que dar para que eso sea posible. Esos pasos no dependen de un diagnostico formal, sino de otro tipo de intervenciones.

Como corresponde a una edad tan ambigua... Uno podría decir que el adolescente no sabe la edad que tiene. Tiene una relación de incertidumbre con su edad. Se suele decir que oscila entre actitudes muy infantiles y actitudes muy maduras, de una manera desconcertante y coexistente.

Nunca sabemos que edad tenemos, ni estamos seguros de qué es tener tal edad desde el punto de vista psicoanalítico. Nunca tenemos una sola edad. Pero a esta edad, mucho mas.

Como corresponde a una edad tan ambigua Cualquier frontera segura entre diagnostico y tratamiento se esfuma. Estamos en una situación que no es ni un tratamiento ni un diagnostico, y esa situación a veces, se prolonga mucho. Estamos en una serie de entrevistas que se van acordando vez por vez... A lo mejor eso se detiene después de un tiempo y no es necesario nada más. A lo mejor uno aconsejaría, si hay quien escuche, que vuelvan a vernos después de seis meses o un año.

Una paciente mía, de pronto es paciente mía y de pronto no lo es. Empezó a trabajar conmigo a los 16 años y ahora tiene 20. Esta en su cuarto módulo. Ella va y viene. De pronto hace un tiempo extenso, de un año de trabajo, y de pronto se va, por alguna razón o por otra. Una razón puede ser que quiere juntar plata para un viaje, otra razón puede ser que se siente bien...Lo cierto es que a veces hubo intervalos largos y otros cortos. Yo he visto que lo mejor era dejarle esa iniciativa a ella, que ella iba regulando. No sirve ahí el  modelo de uno empieza un análisis y esta 10 años de análisis. Modelo que sigue siendo válido, porque hay cosas que son dificultades  muy crónicas o muy severas que exigen un seguimiento y un trabajo muy largo .En algunos casos, alguien puede necesitar, con intervalos, toda la vida de tratamiento, para que no le pasen cosas mucho más negativas. Pero en muchos casos esto no es así: el diagnostico y después, la larga línea del tratamiento. O como se dice a veces, las preliminares, nombre que es muy problemático. Porque si yo defino las primeras entrevistas como preliminares, estoy dando por sentado que después viene algo, y ¿Por qué? A lo mejor alguien después de esas entrevistas desatasca una situación y ya esta. Un criterio, al respecto, es que si uno encuentra una manera creativa, lúdica, de procesar sus dificultades y las dificultades de la vida, o si Alguien solo puede hacerlo, generando continuamente síntomas. Hay muchos criterios que poner en juego.

Uno rara vez lo va a saber de antemano o la primera vez que se encuentra en consulta con alguien. Puede ser que se sepa de antemano...Si la consulta es por una chica que tiene 15 años y 3 intentos de suicidio, es razonable que yo me haga a la idea de que alguien va a tener que hacer algo serio ahí. Pero esas no son las situaciones más frecuentes ni las más abundantes. Las situaciones mas frecuentes son mucho mas ambiguas, donde es forzar un poco poner un nombre psicopatologico, pero hay dificultades para medirse con una situación, con un cambio, con un duelo...

Cuanto menos regulado este yo por esos esquemas, es mejor. Es mejor ir sobre la marcha viendo si abro una instancia de entrevistas. Le digo a los padres, yo voy a verlo. Lo que me cuentan, justifica que lo vea. Yo no sé si va a necesitar o no tratamiento. Porque los padres, a veces también están muy ansiosos y dan por sentado y preguntan ¿Cuándo empieza el tratamiento? Vienen a llenar un formulario, que es el psicodiagnostico, y  que empiece el tratamiento. Algunos  se desconciertan un poco.

Los médicos clínicos nos cuentan que si no recetan algo al paciente, el paciente se va a otro medico, porque considera no que él esta bien, sino que el medico no se ocupo. Algunos médicos, para no perder al paciente, le dan algo anodino, una vitamina, algún placebo, para contener la hipocondría del paciente, llevarla a un terreno inofensivo. A los pediatras también les pasa eso.

Cuando se juntan las presuposiciones de la familia, con las presuposiciones del analista, el chico está atrapado y hace bien en rebelarse y querer patear todo, porque lo están convirtiendo en algo así como el pato de la boda. Un terapeuta decidido a encontrarle algo a toda costa, a todo precio, mas una familia que quiere depositarlo allí y  tranquilizarse con la idea de que esta en tratamiento. Entonces, uno le dice la verdad. La mayoría de las veces, no sé. Es mejor decir, vamos a ver tres meses que pasa y después nos sentamos a evaluar, si hace falta más o no, como están las cosas. Es una gran ventaja tener una apertura verdadera, en lugar de un solo esquema.

Como cuando un chico sale con una chica, ¿Hay que ponerle nombre en seguida a la situación?¿Hay que decir que son novios? No es aconsejable. Hay chicos que por ansiedad necesitan ponerle nombre, y esto arruina a veces las cosas. A veces ayuda, aclara una situación, y otras veces, estropea todo.

Por ej., si un chico tiene muchas cosas de tipo claustrofóbico, que se activan ante la menor situación de compromiso formalizado y nunca puede terminar nada de lo que empieza, es muy contraproducente ahí formalizar”vos estas en tratamiento y vas a tener que venir quizás por mucho tiempo”.Entonces se va a ir. Se va a sentir encerrado y va a huir.

Es mucho mejor dejar una situación informe, como dice Winnicott, y que tome forma por si misma. Improvisar más. Ese noble nombre que tiene todo un prestigio en música.

Es mejor que el adolescente se sienta en una situación abierta. Incluso decirle, ¿Querés venir? O en 2 semanas...Cuando se puede, por los horarios, es útil no caer siempre en los mismos horarios, estilo escolar, o psicoanalítico tradicional,”· veces por semana, los martes...”A veces es inevitable, por la doble jornada escolar y los horarios de trabajo del terapeuta...Pero, cuando se puede, introducir algo mas discontinuo, irregular, fluctuante. 

Sobre todo, cuando no esta claro si hay algo de cuidado que merezca un tratamiento.

Segundo, no esta claro si hay actitud colaborativa por parte del presunto paciente.

Tercero, si no está clara la actitud de la familia.

Hay varias ambigüedades. Por eso no hay que poner número a las consultas, cuantas veces lo va a ver. Si uno pone una fecha, es como decir”dijo truco”.Cuando uno no sabe es mucho mejor decir no sé. Es una regla sencilla, pero que evita problemas engorrosos.

Entonces, uno abre una serie de entrevistas, y  se pregunta ¿Qué tipo de dificultades hay, que parecen no poder resolverse espontáneamente?, simplemente por experiencias de la vida.

Otra buena pregunta diagnóstica,¿Qué capacidad tiene este chico/chica, para salir por sus propios medios, por sus propios recursos? Con un poco de ayuda..., pero sin la necesidad de una intervención profesional estabilizada. Es una pregunta que a veces, lleva mucho tiempo contestarla.

Después, si uno se libero del esquema”diagnostico-tratamiento”, queda liberado del “todo o nada”, también. Que no se justifique un tratamiento, no quiere decir que no haya nada que hacer. A veces puede ser aconsejable acompañar un trecho, para ayudar a activar ciertos procesos autocurativos. Y eso no es un tratamiento, pero es un trabajo en consulta, un trabajo psicoanalítico, y que muchas veces da resultados muy importantes, uno de los cuales puede ser que después de muchos años, alguien nos vuelva a consultar, entre otras cosas, porque queda con un buen recuerdo, que no fue forzado, y ahora se siente en condiciones psíquicas, o tiene ganas, de empezar algo mas formal. 

Hasta en pequeños detalles es bueno prescindir de esquemas pre-establecidos.

Parece sensato que habría  que tener primero entrevista con los padres y luego con el adolescente, porque son los que pagan, porque pueden dar información de cosas que ocurrieron de las que el podría no tener memoria...Pero si uno quisiera acogerse a este esquema invariablemente, puede cometer un error decisivo. Voy a tomar un caso sencillo.

Viene un chico de 18 años solo. En realidad, la entrevista la pide la madre por teléfono. Le doy un horario. Viene el chico solo y viene con la actitud de vengo, y después vienen mis viejos. Tenemos la entrevista, y después tenemos otra y otra, así, sin citar a los padres, que no parecen oponerse. Y así, de a poco, empieza el tratamiento, va quedando constituido, sin poner una frontera entre el diagnostico y el tratamiento. Este chico, que oscila entre una posición adolescente y otra más infantil, depende de los veredictos, opiniones, ideales, hasta del rostro que ponga su madre. Siempre aparece la cuestión de qué va a decir mi mama. No toma nunca ninguna iniciativa, sin que la mama la apruebe .De esto va tomando conciencia, a lo largo de esta primera fase de trabajar juntos. En un momento dado, llegamos a esta conclusión, que la primera cosa que él ha hecho sin pedir la aprobación de la madre, es este tratamiento. Porque la madre no me conoce, los padres me han dado un cheque en blanco. Pagan el tratamiento, aceptan no venir, no presionan, se adaptan a la situación, aunque le han preguntado varias veces si tienen que venir. Pero él los ha ido dejando afuera.

Entonces, la primera cosa que él ha hecho con autonomía en relación a su familia  y a su madre en particular, es constituir esta situación bajo su sola responsabilidad. Fíjense qué inadecuado hubiera sido que hubiera llamado a los padres por un prerrequisito técnico. Hubiera frustrado una posibilidad importante, lo hubiera reenviado a un lugar de niño si tenían que venir los papas, precisamente en el momento que el esta haciendo por primera vez una movida que no es de niño. Hubiera sido una acción negativa, que a largo plazo podía generar efectos .El estaba muy orgulloso de que yo lo trate como un hombre potencial. Ni siquiera por teléfono hable con la mama y ahora, por supuesto, me negaría con fundamento a tener una entrevista si los padres me la pidieran. Les explicaría por qué, pero por teléfono o a través de el, porque sería reinstalarlo en un esquema donde el ha estado largamente refugiado, justamente en un momento en que empieza a abrir cosas exploratorias, por ejemplo, empezar una carrera y dejarla, empezar un noviazgo y dejarlo, cosas que no hacia antes, desacordar con ciertas cosas, tener actitudes en su casa que no tenía... Los beneficios que obtendría por lo que me pudieran informar los padres, no compensa los costos que tendría sobre el tratamiento y el psiquismo de él.

En otros casos puede ser conveniente todo lo contrario. No verlo al chico durante mucho tiempo, porque hay muchas cosas oscuras, complicadas en la familia, y uno esta previniendo la cuestión del chivo emisario. Que se coloca en alguien, en este caso el chico, todo lo patológico, todo lo que anda mal. Se lo manda a él al frente, y entonces, más que un tratamiento es un sacrifico. Que alguien haga el papel del enfermo de la familia. En esa situación, uno se puede negar a verlo al chico y ver a los padres juntos, o por separado, o a otros familiares, abuelos, hermanos, a cualquiera menos al chico. Ojo, a veces se absuelve al chivo emisario, se lo declara inocente y son los otros los que tienen que tratarse .No es que hay que optar. Una cosa no quita la otra. La que esta enferma es la familia. Muchas teorías, versiones ambientalistas del psicoanálisis, que enseguida van a los padres. Esto no es así, porque aunque sea  cierto que se ha ubicado al chico en un lugar que se vuelve el emblema de la enfermedad, es una maniobra de política familiar, de  ese dispositivo familiar inconsciente, pero una vez que uno trabajó esa maniobra, esto no excluye que al chico le pasen cosas. Pero solo después que se le ha sacado eso que no le correspondía tener.

En otro casos, uno se decide por un” va y viene”. Ve al adolescente, a los padres, va y viene, o de pronto introduce una entrevista del padre y el chico, son tácticas que uno va inventando. El que esta en posición de analista, no puede aplicar una técnica, tiene que inventar. A veces hay que inventar el paciente cuando aún no esta, y esperar  que llegue.

La gente que viene, no está obligado el chico, y ponerlo en la situación por sí o por no. Si me dice que sí, entra. Si me dice que no, no entra No es un buen criterio. Alguien puede venir muy dispuesto al tratamiento como quien viene al matadero, simplemente porque es muy sometido. Va donde lo ponen. Entonces el sí, la supuesta aceptación, es lo que hay que trabajar, poner en cuestión. En ese caso se lo puede ver, en consultas provisorias, vez por vez, y trabando mucho eso con él.

“Si dice que no, no”, es tomar las cosas de manera muy rudimentaria. A veces, el chico viene con el no, por llevar la contra. No porque no quiera, sino porque no quiere acordar con los padres En realidad lo que no quiere, es decirles que sí. Si uno puede dar un rodeo y que el chico vaya dándose cuenta que uno no es un empleado de los padres, que uno es un profesional, que ese espacio es de el y no de los padres, entonces puede anidar en ese lugar, hacer de ese espacio, un espacio propio, en la medida en que no sienta que esta ahí por un mandato de los padres al cual el analista se pliega dócilmente. Ese” no”, entonces, se va desdibujando poco a poco, va cayendo solo.

A veces el chico dice “me mandan a mí al psicólogo, pero son ellos los que tienen que venir.” Y puede decir pinturas muy acertadas y tener razón. Pero en lo que no tiene razón, es que una cosa no quita la otra. Probar la patología  de los padres, no prueba su ausencia de compromiso patológico. Pero es bueno tomar ese punto en el que él se siente blanco de proyecciones. Proyectan en él enfermedad, pero él esta haciendo lo mismo. Está proyectando malestar, infelicidad, sobre los padres o la familia.

Otra variante de diagnóstico. Encuentro a alguien que tiene 15 años, pero está en una posición de niño de 7/8, pero con todo el compromiso puberal. Con la pubertad sola, como acontecimiento biológico, no alcanza. Entonces, el mejor diagnóstico es, antes de todo rotulo, es decir que ahí hay un niño. Y la mejor cura, la mejor intervención terapéutica es ayudar a producir ahí una posición adolescente. A veces es todo lo que hay que hacer, o lo más importante que hay que hacer. Y una vez que llegó a la posición adolescente, ver, o dejarlo un tiempo

Los terapeutas suelen tener mucha dificultad para soltar a los pacientes. Siempre encuentran una razón par prolongar. Esto se justifica por motivos teóricos fácilmente, que el deseo, que la represión. Pero uno sospecha si no intervienen ahí motivos económicos. Freud decía que junto con la sexualidad, donde la gente era mas hipócrita era con el dinero.

Los condicionamientos económicos influyen sobre las teorizaciones. Por eso han tenido tanto éxito, en determinadas esferas, las sesiones de tiempo libre o variable, que en realidad son siempre sesiones cortas.

En realidad no es mala la idea de un tiempo más flexible, pero el paciente suele quedar desprotegido.

Pero para adaptarse a condiciones de trabajo, en que el terapeuta esta en una obra social, en que les dan 30 sesiones de media hora...

Estas cosas nunca se dicen pero condicionan, y es todo un síntoma que la gente registra.¿Nunca hay altas?¿Nunca se terminan? Es un prejuicio. Uno tiene que terminar tratamientos, es bueno, es gratificante, una cosa que se pasa de madura, se pudre.

Este no es un alegato a favor de tratamientos breves y veloces. Este es otro peligro de superficialidad, mas en una época como la nuestra que idealiza lo veloz, lo rapidísimo. No es la alternativa largo-corto.

W dice que la pregunta que uno debe hacer es ¿Qué es lo menos que uno puede hacer en esta situación?¿Cuál es el mínimo necesario, pero que no hace falta más que eso?

 

PREGUNTA en relación a necesidad de análisis del analista de por vida.

 

-De por vida suena a cadena perpetua. Por  menos fóbico que uno sea, la supervisión es una instancia ineludible. Es pensar en voz alta qué me pasa a mí con este paciente, no solo pensar qué le pasa al paciente.

En cuanto al propio análisis, no es un requisito, para que el analista fuera un ejemplo de salud. Es porque no se puede analizar a un paciente desde afuera. El análisis, antes de ser una teoría o una técnica, es una experiencia humana muy particular, es un encuentro humano muy particular, en eso que W llama zona de juego.

¿Cómo ser un buen profesor de música, sin haber tocado nunca ningún instrumento? Puede que no haya sido el gran virtuoso del saxo o del piano. Pero si no ha tenido su propia experiencia con el saxo o con el piano, es difícil que pueda enseñar.

Si nunca pateo una pelota de fútbol, es difícil que sea un buen entrenador.

Con el análisis pasa eso. Un cocinero tiene que probar la comida, para hacer un vino, es necesario que haya gente que lo pruebe, que lo cate. Tiene que haber una experiencia, el psicoanálisis pasa por el cuerpo de uno. No porque sea 

De por vida, no. Yo siempre aconsejaría discontinuar. Pero es probable que alguien que trabaja mucho con pacientes, que es un trabajo apasionante pero duro, a veces muy expuesto a frustración. Cada tanto, volver a trabajar sobre sí, ayuda. Sin contar con que, además, uno está vivo, y le están sucediendo una infinidad de cosas.

 

PREGUNTA, acerca de movimientos de cierre

-Es verdad, que hay mucha menos bibliografía sobre como terminar, que, por ejemplo, sobre iniciación. Y esto suscita muchos problemas. Por ejemplo, hay muchos tratamientos que terminan por interrupción, porque el paciente se va o la familia decide sacarlo. Y en general se piensa como un fenómeno de resistencia. La familia no se “bancó”, como decimos nosotros, los cambios del chico, y entonces lo saca. O el paciente, no se banco sus propios cambios, y huye. Esto es verdad, pero no es toda la verdad. A veces, es el único modo que encuentra el paciente de irse, frente a un terapeuta que no nunca encuentra el momento oportuno para concluir. A veces no es por mala intención, sino por falta de criterios. O porque se ha tomado una posición dogmática y se cree que es necesario análisis toda la vida. Y el analista lo carga al paciente, con un trabajo con el que no es justo cargarlo. En lugar de ver juntos el final, como el analista no lo puede considerar más que como una forma de  resistencia, el paciente tiene que ingeniárselas por su cuenta para terminar .Muchas veces es buscando inconscientemente un motivo de enojo, de pelea, y el final es abrupto.

Otras veces, se complica por el sometimiento del paciente a un orden medico-psicológico, y el paciente espera el alta. El criterio medico es insuficiente. Esto del alta esta bien, cuando hay que evaluar una infecciono en edema pulmonar. Pero en nuestro campo, es mas bien en un “entre”, dice W, en un haciendo entre los dos.

Si uno se libera del esquema de que después de un análisis largo, uno queda vacunado...Uno no puede prevenir lo que pase luego en la vida.

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