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Estudio del psicoanálisis y psicología

El vocabulario de Michel Foucault: LETRA L. Lucha



El vocabulario de Michel Foucault: LETRA L

Lucha
(Lutte). Dominación, explotación, sujeción. Foucault distingue tres tipos de lucha: 1) contra las formas de dominación étnica, social o religiosa; 2) contra las formas de explotación que separan a los individuos de lo que ellos producen; 3) contra las formas de sujeción que vinculan al sujeto consigo mismo y, de este modo, aseguran su sujeción a los otros (DE4, 227). En las sociedades feudales han predominado las luchas contra las formas de dominación; en el siglo XIX, las luchas contra la explotación. “Y hoy es la lucha contra las formas de sujeción, contra la sumisión de la subjetividad, la que prevalece cada vez más, aunque no hayan desaparecido las luchas contra la dominación y la explotación, más bien lo contrario. Tengo la impresión de que no es la primera vez que nuestra sociedad se encuentra confrontada con este tipo de lucha. Todos los movimientos que han tenido lugar en los siglos XV y XVI, encontrando su expresión y su justificación en la Reforma, deben ser comprendidos como los indicadores de una crisis mayor que afecta la experiencia occidental de la subjetividad y de una revuelta contra el tipo de poder religioso y moral que había dado forma, en la Edad Media, a esta subjetividad. Entonces, se sintió la necesidad de una participación directa en la vida espiritual, en el trabajo de salvación, en la verdad del Gran Libro. Todo esto atestigua una lucha por una nueva subjetividad. […] La razón por la cual este tipo de lucha tiende a prevalecer en nuestra sociedad se debe al hecho de que una nueva forma de poder político se ha desarrollado de manera continua desde el siglo XVI” (DE4, 228). Esta nueva forma de poder es el estado, que para Foucault es, en su sentido estrictamente moderno, una combinación compleja de técnicas de individualización y procedimientos totalizantes. Desde este punto de vista, el Estado moderno aparece, al menos en uno de sus componentes, como una reelaboración del poder pastoral (véase: Poder). Si bien no se puede separar cada una de estas tres formas de dominación, ello no significa que las formas de sujeción sean simplemente un producto terminal de la dominación social o de la explotación económica. Las relaciones entre ellas no son del orden de la deducción; cada una de ellas tiene su propia especificidad y mantiene con las otras relaciones que no son lineales, sino circulares. Para Foucault, nuestro problema político, ético, social y filosófico consiste en promover nuevas formas de individualidad, diferentes de las que se nos imponen desde hace varios siglos (DE4, 232). Filosofía analítica del poder, luchas transversales, luchas específicas. En el diálogo con G. Deleuze acerca de los intelectuales y el poder (“Les Intellectuels et le pouvoir”, DE2, 306-315), Foucault subraya que una de las dificultades fundamentales con las que se encuentra el intelectual a la hora de definir y llevar adelante formas adecuadas de lucha es que ignora qué es el poder (DE2, 312). Se puede encontrar aquí una de las motivaciones de su interés por el tema del poder, por el desarrollo de “una filosofía analítica del poder”. La filosofía ha tenido tradicionalmente como función fundar y limitar el poder, instaurándose ella misma como ley. Una filosofía analítica del poder, en cambio, no se plantea la cuestión del poder desde el punto de vista del bien o del mal, sino desde el punto de vista de la existencia del poder (DE3, 540). Este modo en el que Foucault concibe la filosofía del poder se inscribe en su concepción general de la filosofía como una actividad de diagnóstico. La tarea de la filosofía, en este sentido, no consiste en descubrir algo que está oculto o en convertirse en la formulación de lo que está por venir, es decir, en promesa. La tarea de la filosofía consiste en hacer visible lo que es visible, en analizar las fuerzas que constituyen nuestro presente (véase: Diagnosticar). Desde esta perspectiva, una filosofía analítica del poder sirve como instrumento para formas de lucha que tienen cuatro características: 1) No se trata de calificar o alabar al poder de manera masiva o global, sino de estudiar las relaciones de poder como juegos, en términos de tácticas y estrategias: juegos de poder alrededor de la locura, de la medicina, de la enfermedad, de la penalidad, de la prisión, en los que se trata del estatuto de la razón y de la no-razón, de la vida y de la muerte, del crimen y de la ley. No se trata de enfrentamientos dentro de estos juegos de poder, sino de resistencia a estos juegos. Respecto de estas luchas, como, por ejemplo, en el caso de las prisiones, Foucault señala: “No se ha querido jugar el juego, tradicionalmente organizado e institucionalizado, del Estado con sus exigencias y de los ciudadanos con sus derechos. No se ha querido lugar el juego del todo; se impide jugar el juego” (DE3, 544). 2) Estas luchas son fenómenos difusos y descentrados. Por ejemplo, de nuevo en el caso de la prisión, estas luchas no se han planteado el problema general de cuál debe ser el sistema legal de punición en un país democrático. Parten de problemas más específicos y locales: la subalimentación, las condiciones de detención, etc. “Lo que muestra bien que el objetivo de todos estos movimientos no es el mismo que el de los movimientos políticos o revolucionarios tradicionales. No se trata de apuntar al poder político o al sistema económico” (DE3, 545). 3) Estas luchas tienen por objetivo los hechos o efectos del poder, las formas concretas de ejercicio del poder. 4) Por último, se trata de luchas inmediatas. Ellas no siguen el principio leninista del enemigo principal; tampoco esperan un momento futuro lo que sería la revolución o la liberación. “Respecto de una jerarquía teórica de las explicaciones o de un orden revolucionario que polarizaría la historia y jerarquizaría los momentos, se puede decir que estas luchas son anárquicas. Se inscriben dentro de una historia inmediata, que se acepta y se reconoce como indefinidamente abierta” (DE3, 546). Cuanto acabamos de exponer proviene de la conferencia del 27 de abril de 1978 en Tokio, titulada “La philosophie analytique de la politique” (DE3, 534-551). Posteriormente, en 1982, en “Le Sujet et le pouvoir” (DE4, 222-243), Foucault retomará la caracterización de estas luchas. Enumera allí seis características, algunas de las cuales retoman las que ya hemos mencionado, mientras otras las explicitan. 1) Son luchas transversales. No se limitan a un país o a un sistema económico. 2) Tienen como objetivo los efectos del poder. 3) Son luchas inmediatas. 4) Cuestionan el estatuto del individuo. “Estas luchas no son exactamente por o contra el ‘individuo’, sino que se oponen a lo que se puede llamar el ‘gobierno por individualización’” (DE4, 227). 5) Estas luchas oponen formas de resistencia a los efectos de poder que están ligados al saber, a la competencia y a la calificación. 6) “Finalmente, todas las luchas actuales giran en torno a la misma cuestión: ¿quiénes somos? Son un rechazo de estas abstracciones, un rechazo de la violencia ejercida por el Estado económico e ideológico que ignora quiénes somos individualmente, y también un rechazo de la inquisición científica o administrativa que determina nuestra identidad” (DE4, 227). Revolución, reforma. “Quizás estamos por vivir el fin de un período histórico que, desde 1789-1793, ha estado dominado, al menos para Occidente, por el monopolio de la revolución, con todos los efectos adjuntos de despotismo que ello podía implicar, sin que, por ello, esta desaparición de la revolución signifique una revalorización del reformismo. En las luchas de las que acabo de hablar, en efecto, no se trata para nada de reformismo, porque el reformismo tiene por función estabilizar un sistema de poder luego de un determinado número de cambios, mientras que, en todas estas luchas, se trata de la desestabilización de los mecanismos de poder, de una desestabilización aparentemente sin fin” (DE3, 547). Genealogía. “Llamemos, si quieren, ‘genealogía’ al acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales, acoplamiento que permite la constitución de un saber histórico de las luchas y la utilización de este saber en las tácticas actuales” (IDS, 9-10). Lucha de clases, lucha de razas. Véase: Guerra.
Lutte [710]: AN, 178, 190, 209, 222, 244, 256, 285. AS, 22, 158, 261. DE1, 95, 196, 205, 216, 308, 511, 582, 633, 682. DE2, 36, 64, 121, 143-144, 148, 187-188, 195-196, 224, 226-228, 230-231, 233, 243, 301, 305-306, 308-309, 311-313, 315, 336, 340-341, 348, 351, 354-355, 357-363, 365-368, 377, 379-380, 399-400, 402, 404, 415, 420, 423, 427, 435-436, 440, 442-443, 445, 500-502, 506, 514, 530-533, 535-537, 539, 545-546, 548-550, 552, 570, 572-573, 575-576, 581, 587, 632, 634, 638, 644, 648-652, 656-658, 664, 679, 684-685, 699, 718, 724, 755, 757-758, 774-775, 779-780, 782, 796, 800, 806. DE3, 42-43, 46, 111, 113, 124, 127, 130, 137, 150, 152, 154, 157, 159, 167, 169, 173-175, 182, 185, 193, 206, 211, 227, 241, 268, 290, 310-311, 348-349, 363-364, 367, 369, 383-384, 387, 391, 402, 407, 421, 424-427, 471, 477, 501, 512, 516, 528-531, 545, 547, 605-606, 609-610, 612-613, 615-616, 632, 656, 686, 688, 690, 701, 704, 718, 727, 743-744, 745, 747, 759, 761, 771, 806-807, 809, 812. DE4, 47, 51, 65, 71-73, 79-80, 95, 176-177, 181, 185, 228, 237-238, 241-243, 296-298, 303, 312, 319, 357, 359, 375, 398, 425, 439, 443, 452, 499-501, 511, 517, 556, 568, 576, 587, 591, 622, 663, 667, 711, 721, 728, 739-740. HF, 10, 47, 52, 143, 218, 301, 335, 398, 471, 499, 534, 616. HS, 139, 143, 213, 222, 299, 307-308, 357, 409, 426, 431, 469. HS1, 139, 166, 173, 191. HS2, 33, 48, 74, 76-77, 84, 96, 102, 115, 125, 128. HS3, 69, 158, 163, 168. IDS, 11, 13, 17-19, 21, 31, 36-37, 40, 43, 45, 50-53, 57, 60-61, 63, 65-74, 76-77, 84-86, 88, 91, 116, 118-120, 127, 146, 153, 159-160, 165-166, 170, 189, 193, 201-202, 209-210, 229-230, 233-234. MC, 214. MMPE, 86. MMPS, 98. NC, 16, 33. OD, 12, 45. PP, 26, 72, 93, 121, 136, 171-172, 174, 176, 189, 213, 240, 256, 310. SP, 31, 54, 71-72, 85, 87, 90-92, 277, 307.

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