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Estudio del psicoanálisis y psicología

El vocabulario de Michel Foucault: LETRA R. Racismo



El vocabulario de Michel Foucault: LETRA R

Racismo

(Racisme). “Yo creo que [el racismo] es mucho más profundo que una vieja tradición, mucho más profundo que una vieja ideología; es otra cosa. La especificidad del racismo moderno, lo que hace a su especificidad, no está ligado con las mentalidades, con las ideologías, con las mentiras del poder. Está ligado con la técnica del poder, con la tecnología del poder” (IDS, 230). “Lo que ha inscripto el racismo en los mecanismos del Estado es la emergencia de este biopoder. En este momento preciso, el racismo se inscribe como mecanismo fundamental del poder tal como se ejerce en los Estados modernos y [como] lo que hace que no haya funcionamiento moderno del Estado que, en un determinado momento, dentro de determinados límites y en determinadas condiciones, no pase por el racismo” (IDS, 227). • Más allá de algunas referencias dispersas en sus artículos e intervenciones, en la obra de Foucault la problemática del racismo emerge en La volonté de savoir y en “Il faut défendre la société”, el curso dictado en el Collège de France en 1976. Foucault se ocupa del racismo moderno, es decir, el racismo biológico y de estado, por un lado, en relación con la formación del biopoder (en ambos textos), y, por otro lado, en relación con la evolución del concepto de “lucha de razas” (en el segundo texto) (véase: Biopoder; Guerra, Lucha). Degeneración. Una primera forma de racismo biologicista es la que aparece en el siglo XIX con la teoría de la degeneración. (véase: Degeneración). “El racismo no ha sido, primeramente, una ideología política. Ha sido una ideología científica que circulaba por todas partes, tanto en Morel como en los otros [exponentes de la teoría de la degeneración]. Y su utilización política ha sido llevada a cabo por los socialistas, por la gente de izquierda, antes que por la gente de derecha” (DE4, 324). Sexualidad, sangre. En La volonté de savoir Foucault distingue, a propósito de los mecanismos de poder, entre una simbólica de la sangre y una analítica de la sexualidad. La sangre ha sido uno de los elementos esenciales y característicos de los mecanismos de poder hasta fines del siglo XVIII: diferencias de castas, linajes, suplicios, etc. El poder habla y se manifiesta a través de la sangre. Con la formación del dispositivo de sexualidad (véase: Sexualidad), los mecanismos de poder se dirigen hacia el cuerpo, hacia la vida, la progenitura, la población (HS1, 193-194). Ahora bien, según el análisis de Foucault, la analítica de la sexualidad no ha simplemente sucedido a la simbólica de la sangre; ambos mecanismos han tenido puntos de interacción y de interferencias. “Sucedió que, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la temática de la sangre fue convocada para vivificar y sostener con toda su fuerza histórica el tipo de poder político que se ejerce a través de los dispositivos de sexualidad. El racismo se forma en este punto (el racismo en su forma moderna, estatal, biologizante) […]. Un ordenamiento eugenésico de la sociedad, con lo que ello podía comportar en relación con la extensión e intensificación de los micropoderes, bajo la cobertura de una estatización ilimitada, se acompañaba de la exaltación onírica de la sangre superior, que implicaba, a la vez, el genocidio sistemático de los otros y el riesgo de exponerse a sí mismo a un sacrificio total” (HS1, 196-197). Racismo biológico y de Estado. “Il faut défendre la société” es una genealogía del concepto de “lucha de razas”, de “guerra de razas”. Foucault hace remontar esta genealogía hasta el siglo XVII y hasta la formación de la historiografía moderna con Henry de Boulainvilliers (véase: Boulainvilliers, Guerre). Después de la Revolución francesa, en el siglo XIX, este discurso ha sufrido dos grandes transformaciones: por un lado, la formación del discurso de la lucha de clases, el discurso revolucionario; por otro, su transcripción biológica –el racismo moderno–. En esta última, a diferencia de la primera, el racismo no aparece como el instrumento de la lucha de una clase contra otra, sino como una estrategia global del estado, una estrategia que la sociedad ejerce sobre sí misma en términos de purificación permanente y normalización social (IDS, 52-53). El tema de la guerra histórica (batallas, invasiones, victorias) será sustituido, entonces, por el tema biológico, postevolucionista, de la lucha por la vida; la lucha tendrá, ahora, un sentido biológico: diferenciación de las especies, selección del más fuerte, mantenimiento de las razas mejor adaptadas. También el tema de una sociedad binaria (dos razas, dos grupos diferentes) será reemplazado por un monismo biológico que se encuentra amenazado por los elementos heterogéneos que se han infiltrado. El Estado no será, entonces, el instrumento de una raza contra otra, sino el garante de la integridad, de la superioridad y de la pureza de la raza (IDS, 70). Ahora bien, esta transcripción del discurso de la guerra de razas en términos biológicos y estatales ha sido un discurso antirrevolucionario: “si el discurso de las razas, de las razas en lucha, ha sido el arma utilizada contra el discurso histórico-político de la soberanía romana, el discurso de la raza (la raza en singular) ha sido una manera de dar vuelta esta arma y utilizar su filo en provecho de la soberanía conservada del Estado” (IDS, 71). Por su parte, esta transcripción biológica del discurso de la guerra de razas ha sufrido dos transformaciones en el siglo XX. La transformación nazi, por un lado, utiliza toda una mitología popular, dramática y, al mismo tiempo, teatral, reimplanta el racismo biológico en el discurso de la guerra de razas y retoma el carácter profético y apocalíptico del discurso revolucionario. La transformación soviética, por otro lado, procede por otros caminos, sin dramaturgia ni teatralización, sino de manera subrepticia y “científica”, y retoma el discurso revolucionario de la lucha de razas bajo la forma de una gestión policial que asegura la higiene de la sociedad (IDS, 72). • La primera función del racismo moderno es introducir una ruptura en el dominio de la vida del que se ha hecho cargo el poder; ruptura entre lo que debe vivir y lo que debe morir. La segunda función es hacer funcionar la antigua relación de guerra (“si quieres vivir, es necesario que puedas matar”) de una manera nueva: entre mi vida y la muerte de otro existe ahora una relación biológica; la muerte del otro no es simplemente la condición de mi vida, sino de la vida en general; la muerte del “otro” hará la vida más sana y más pura (IDS, 227-228). Desde este punto de vista, el racismo es la condición del ejercicio del moderno derecho de matar; el racismo aparece donde la muerte es requerida: la colonización, la guerra, la criminalidad, los fenómenos de la locura y de la enfermedad mental, etc. Así, por ejemplo, la guerra “va a aparecer, hacia fines del siglo XIX, no simplemente como una manera de fortalecer la propia raza, eliminando la raza adversa (según los temas de la selección y de la lucha por la vida), sino igualmente como una manera de regenerar la propia raza. Cuanto mayor sea el número de aquéllos que mueren entre nosotros, más pura será la raza a la que pertenecemos” (IDS, 230). Antisemitismo. Foucault señala que el discurso de la guerra de razas de los siglos XVI y XVII, que anticipa las nociones de lucha de clases, no se identifica con el racismo de tipo religioso, con el racismo antisemita. El propósito de Foucault no es llevar a cabo una historia del racismo en general, sino analizar la formación de los mecanismos modernos del poder, entre los que se inscribe el racismo biológico. Sin embargo, es necesario señalar que el racismo biológico y de Estado ha reutilizado el antiguo antisemitismo, que tenía originariamente otras razones (IDS, 75-77). Nazismo. Para Foucault el nazismo es el desarrollo hasta su paroxismo de los mecanimos de poder que se establecieron en el siglo XVIII: la disciplina y el biopoder. Ningún Estado ha sido más disciplinario y, al mismo tiempo, más asesino que el Estado nazi. En última instancia, en el nazismo el derecho sobre la vida y sobre la muerte no sólo era ejercido por el Estado, sino por cualquier individuo, aunque más no fuera a través de la denuncia. Por ello se puede afirmar que en el nazismo el poder de matar y el poder soberano son diseminados por todo el cuerpo social. La guerra, por otro lado, no es simplemente un objetivo político, ni siquiera un objetivo de la política, sino, más precisamente, la fase última y decisiva de todos los procesos políticos, de tal manera que no se persigue sólo la eliminación de la otra raza, sino también la exposición de la propia raza a la muerte. “Es necesario que se llegue a un punto en el que la población entera esté expuesta a la muerte. Sólo esta exposición universal de toda la población a la muerte podrá efectivamente constituirla como la raza superior y regenerarla definitivamente frente a las otras razas que habrán sido totalmente exterminadas o que serán definitivamente dominadas. La sociedad nazi tiene, entonces, esto de extraordinaria: es una sociedad que ha generalizado absolutamente el biopoder, pero que, al mismo tiempo, ha generalizado el derecho soberano de matar” (IDS, 231-232). Socialismo. El racismo evolucionista de tipo biológico no sólo está presente en los estados socialistas del siglo XX, como la Unión Soviética, sino también en los movimientos socialistas del siglo XIX. Cuando el socialismo ha insistido en la transformación de las condiciones económicas como condición para el paso de la sociedad capitalista a la sociedad socialista, no ha recurrido al racismo; pero cuando ha insistido en el problema de la lucha sí lo ha hecho. “En consecuencia, cada vez que ustedes encuentran estos socialismos, momentos del socialismo que acentúan este problema de la lucha, encuentran el racismo” (IDS, 234).

Racisme [129]: AN, 275, 299-300. DE2, 198, 353, 511. DE3, 96, 324, 502. DE4, 279. HS1, 157, 166, 197-198. IDS, 52-53, 57, 70-73, 75-77, 213, 227-230, 232-234.

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