1. Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17 [1915-17])
Parte II. El sueño (1916 [1915-16])
7ª conferencia. Contenido manifiesto del sueño y pensamientos oníricos latentes
Señoras y señores: Como ustedes ven, nuestro estudio de las operaciones fallidas no ha sido
vano. Gracias a estos empeños hemos adquirido -¡bajo las premisas que ustedes conocen!-
dos cosas: una concepción. sobre el elemento onírico y una técnica para la interpretación de
sueños. He aquí la concepción del elemento onírico: es algo no genuino, un sustituto de otra
cosa, de algo desconocido para el soñante, como lo era la tendencia de la operación fallida; es
un sustituto de algo cuyo saber está presente en el soñante, pero le es inaccesible. Esperamos
poder extender esta misma concepción a todo el sueño, que consiste en tales elementos.
Nuestra técnica radica en hacer que emerjan, por asociación libre sobre estos elementos, otras
formaciones sustitutivas desde las que podamos colegir lo oculto.
Ahora les propongo introducir en nuestra nomenclatura un cambio que nos facilitará los
movimientos. En vez de «oculto», «inaccesible», «no genuino(90)», digamos, dándole la
descripción justa, «inaccesible a la conciencia del soñante» o «inconciente» (ver nota(91)). No
entendemos por ello sino lo que puede evocar en ustedes la referencia a la palabra olvidada o a
la tendencia perturbadora de la operación fallida, a saber, inconciente por el momento. Desde
luego, por oposición a ello llamaremos «concientes» a los elementos oníricos mismos y a las
representaciones sustitutivas adquiridas por asociación a partir de ellos. Con este bautismo no
se enlaza todavía ninguna construcción teórica. El uso de la palabra «inconciente», en cuanto
descripción conveniente y fácilmente comprensible, es inobjetable.
Si trasferimos nuestra concepción del elemento singular a todo el sueño tenemos entonces que
el sueño como un todo es el sustituto desfigurado de algo diverso, de algo inconciente, y la tarea
de la interpretación del sueño consiste en hallar eso inconciente. Ahora bien, de aquí se siguen
en seguida tres importantes reglas que debemos observar en el curso de¡ trabajo de
interpretación del sueño: 1) No hay que hacer caso de lo que el sueño parece querer decir, sea
comprensible o absurdo, claro o confuso, pues nunca será eso lo inconciente que buscamos
(más adelante habrá de imponérsenos una restricción evidente de esta regla). 2) Hay que limitar
el trabajo a evocar, para cada elemento, las representaciones sustitutivas sin reflexionar sobre
ellas, sin examinarlas para averiguar si contienen algo pertinente, sin hacer caso de cuán lejos
nos lleven del elemento onírico. 3) Hay que esperar hasta que lo inconciente oculto, buscado, se
instale por sí solo, tal como ocurrió con la palabra trascordada «Mónaco» en el experimento
descrito.
Ahora comprendemos también todo lo indiferente que es cuánto o cuán poco recordemos del
sueño, pero sobre todo con cuánta fidelidad o incerteza lo recordemos. En efecto, el sueño
recordado no es lo genuino, sino su sustituto desfigurado; nos ayudará, por evocación de otras
formaciones sustitutivas, a acercarnos a lo genuino, a hacer conciente lo inconciente del sueño.
Por tanto, si nuestro recuerdo es infiel, simplemente ha introducido en ese sustituto una
desfiguración más, que, por otra parte, tampoco puede ser inmotivada.
Es posible realizar el trabajo de interpretación sobre los sueños propios o sobre los ajenos. Y
aun sobre los propios uno aprende más, el proceso resulta más probatorio. Veamos: si se lo
intenta, uno nota que algo opone dificultades al trabajo. Uno obtiene por cierto ocurrencias, pero
no todo se tolera. Se hacen valer influencias selectivas y de examen. Frente a una ocurrencia, uno se dice: «No, esto no viene al caso, no corresponde aquí». Frente a otra: «Es demasiado
disparatada». Y frente a una tercera: «Es algo sin importancia alguna». Y puede observarse,
además, el modo en que uno con esas objeciones ahoga y por último destierra las ocurrencias,
aun antes de que se hayan aclarado del todo. Así, por una parte se depende demasiado de la
representación de partida, del elemento onírico; por la otra, se perturba mediante una selección
el resultado de la asociación libre. Si en la interpretación del sueño uno no está solo, sí uno hace
interpretar su sueño por otro, entonces advertirá con mayor nitidez todavía otro motivo que juega
en favor de esta selección no permitida. Es que uno se dice en ocasiones: «No, esta ocurrencia
es demasiado desagradable, no quiero o no puedo comunicarla».
Es evidente que estas objeciones amenazan el éxito de nuestro trabajo. Es preciso
resguardarse, y esto en la persona propia se hace mediante el firme designio de no ceder a
ellas; y cuando se interpreta el sueño de otro, indicándole como regla inquebrantable que no le
es lícito excluir de la comunicación ocurrencia alguna por más que contra ella se eleve una de
las cuatro objeciones, a saber, que es demasiado trivial, demasiado disparatada, que no viene
al caso o es demasiado penosa para comunicarla (ver nota(92)). El promete obedecer a esta
regla, y tal vez nos enfademos después por lo mal que mantiene esta promesa en ciertas
circunstancias. Al principio nos lo explicaremos diciendo que él, a pesar de nuestro
aseguramiento autoritativo, no se ha compenetrado de lo justificado de la asociación libre, y
quizá procuremos conquistarlo primero en el plano teórico, dándole a leer ciertas obras o
enviándolo a oír conferencias, en virtud de las cuales pueda convertirse en partidario de
nuestras opiniones sobre la asociación libre. Pero nos abstendremos de cometer tales
desaciertos si observamos que en nuestra propia persona, de cuyo convencimiento estamos
bien seguros, emergen las mismas objeciones críticas contra ciertas ocurrencias, objeciones
que sólo con posterioridad -en segunda instancia, por así decir- son eliminadas.
En lugar de enfadarnos por la desobediencia del soñante, podemos aprovechar estas
experiencias a fin de aprender de ellas algo nuevo, algo que es tanto más importante cuanto
menos estábamos preparados a encontrarlo. Comprendemos que el trabajo de la interpretación
del sueño se cumple en contra de una resistencia que le es contrapuesta y cuyas
exteriorizaciones son aquellas objeciones críticas (ver nota(93)). Esta resistencia es
independiente de la convicción teórica del soñante. Y aun se aprende algo más: se hace la
experiencia de que tales objeciones críticas nunca tienen razón. Al contrario; las ocurrencias
que así querrían sofocarse se revelan sin excepción como las más importantes, las decisivas
para descubrir lo inconciente. Es directamente una marca distintiva el que una ocurrencia se
acompañe de una objeción de esa índole.
Esta resistencia es algo enteramente nuevo, un fenómeno que hemos descubierto sobre la
base de nuestras premisas sin que estuviera contenido en ellas. El hecho de que este nuevo
factor se introduzca en nuestros cálculos no constituye, por cierto, una agradable sorpresa.
Desde ya vislumbramos que no ha de facilitar nuestro trabajo. Podría inducirnos a resignar todo
empeño en el estudio del sueño.
¡Algo tan nimio como el sueño y encima semejantes dificultades en vez de una técnica tersa!
Pero, por otra parte, estas mismas dificultades podrían estimularnos y hacernos conjeturar que
el trabajo bien merece la pena. Por regla general, tropezamos con resistencias cuando desde
ese sustituto que constituye el elemento onírico queremos avanzar hasta su inconciente oculto.
Tendríamos derecho a pensar entonces que tras el sustituto tiene que haber algo significativo.
¿De dónde, si no, esas dificultades que se empeñan en mantener el ocultamiento? Cuando un
niño no quiere abrir su puño cerrado para enseñar lo que encierra, sin duda tiene en él algo
malo, algo que no debería tener.
En el instante en que introducimos la noción dinámica de una resistencia en nuestra apreciación
de las cosas, nos vemos llevados a pensar que este factor es algo cuantitativamente variable.
Puede haber resistencias mayores y menores, y estamos preparados para que también estas
diferencias salgan a la luz en el curso de nuestro trabajo. Quizá conjuguemos con esto otra
experiencia que hacemos en el trabajo de la interpretación de sueños: muchas veces se
necesita una única ocurrencia o unas pocas para llevarnos desde el elemento onírico hasta su
inconciente, mientras que otras veces se requieren para ello largas cadenas de asociaciones y
el vencimiento de muchas objeciones críticas.
Nos diremos que estas diferencias dependen de las magnitudes cambiantes de la resistencia, y
probablemente tendremos razón (ver nota(94)). Cuando la resistencia es escasa, el sustituto no
está muy alejado de lo inconciente; pero una resistencia mayor conlleva mayores
desfiguraciones de lo inconciente y, por tanto, una distancia mayor desde el sustituto hasta lo
inconciente.
Ahora sería quizá tiempo de tomar un sueño y ensayar en él nuestra técnica, a fin de averiguar
si se corroboran las expectativas que depositamos en esta. Muy bien; pero, ¿qué sueño
escogeríamos para eso? No saben ustedes cuán difícil me resulta esta decisión, y tampoco
puedo indicarles de una manera que les resulte comprensible dónde residen las dificultades. Es
evidente que tiene que haber sueños que, en total, hayan sufrido escasa desfiguración y lo
mejor sería empezar por ellos. Pero, ¿cuáles son los sueños menos desfigurados? ¿Los
comprensibles y no confusos, de los que ya presenté dos ejemplos. Andaríamos muy errados si
tal creyéramos. La indagación muestra que estos sueños han experimentado un grado
extraordinario de desfiguración. Pero si, renunciando a toda condición particular, escojo un
sueño al azar, es probable que ustedes se desilusionen mucho. Puede ocurrir que debamos
señalar o registrar una multitud tan grande de ocurrencias sobre los elementos oníricos
singulares que el trabajo se vuelva totalmente inabarcable. Si ponemos por escrito el sueño y
acometemos la redacción de todas las ocurrencias que nos acuden sobre él, estas últimas
pueden ocupar una extensión varías veces mayor que el texto del sueño. Lo más conveniente
parecería, entonces, buscar para el análisis varios sueños breves, cada uno de los cuales
pueda al menos decirnos o corroborarnos algo. Es la decisión que adoptaremos, a menos que
la experiencia nos indique dónde podemos hallar realmente los sueños menos desfigurados
(ver nota(95)).
Pero conozco otro modo aun de facilitar las cosas, que, además, coincide con nuestro camino,
En lugar de abordar la interpretación de sueños enteros, limitémonos a elementos oníricos
singulares y estudiemos, en una serie de ejemplos, el modo en que aquellos son esclarecidos
por aplicación de nuestra técnica.
a. Una dama cuenta que de niña soñó con mucha frecuencia que el buen Dios tiene un bonete
de papel puntiagudo sobre la cabeza.
¿Cómo quieren ustedes comprenderlo sin la ayuda de la soñante? Suena totalmente
disparatado. Deja de serlo cuando la dama nos informa que siendo niña le solían poner un
bonete así estando a la mesa porque no podía dejar de atisbar los platos de sus hermanos para
ver si les daban más que a ella. El bonete estaba destinado entonces a hacer las veces de
anteojeras. Por lo demás, esta es una información histórica, dada sin dificultad alguna. La
interpretación de ese elemento y, con él, de todo el breve sueño se obtiene fácilmente con
ayuda de una ulterior ocurrencia de la soñante. «Como había oído decir que el buen Dios era
omnisapiente y lo veía todo -dice-, el sueño sólo puede significar que yo lo sé todo y todo lo veo
como el buen Dios, aunque quieran impedírmelo». Este ejemplo es quizá demasiado sencillo
(ver nota(96)).
b. Una paciente escéptica tiene un sueño más largo, en que sucede que ciertas personas le
cuentan algo sobre mi libro consagrado al «chiste» y lo alaban mucho. Entonces se menciona
algo acerca de un «canal», quizás otro libro en que aparece el canal, o si no algo con canal …
ella no sabe … es totalmente oscuro.
Sin duda, ustedes se inclinarán a creer que el elemento «canal» se quiere sustraer de la
interpretación, puesto que es tan impreciso. Aciertan al conjeturar esa dificultad, pero el
elemento no es difícil porque sea desdibujado, sino que es desdibujado por otra razón, la misma
que nos dificulta la interpretación. A la soñante no se le ocurre nada sobre «canal.»; yo, desde
luego, tampoco sé decir nada. Tiempo después, en verdad al día siguiente, cuenta que se le ha
ocurrido aquello a lo cual quizá corresponda, a saber, un chiste que ha oído contar. En un barco
que navega entre Dover y Caláis conversa un conocido escritor con un inglés, quien en cierto
contexto cita el dicho «Du sublime au ridicule il n’y a qu’un pas»{«De lo sublime a lo ridículo no
hay más que un paso»}. Y el escritor responde: «Oui, le Pas de Calais» {«Sí, el Paso de
Calais»}, con lo que quiere decir que encuentra a Francia sublime y a Inglaterra ridícula. Ahora
bien, el Pas de Caláis es justamente un canal, el Canal de la Mancha. [En realidad, el Paso de
Calais está en un extremo del Canal de la Mancha.] ¿Si yo creo que esta ocurrencia tiene algo
que ver con el sueño? Por cierto que sí; opino que da realmente la solución del elemento onírico
enigmático. ‘¿0 dudan ustedes de que este chiste preexistía al sueño como lo inconciente del
elemento «canal»? ¿Acaso pueden suponer que fue agregado con posterioridad? La ocurrencia,
en efecto, atestigua el escepticismo que se oculta en la enferma tras sus insistentes y cargosas
manifestaciones de asombro(97), y la resistencia es en verdad el fundamento común de ambas
cosas, tanto de su demora en producir la ocurrencia cuanto de que el elemento onírico
correspondiente resulte tan impreciso.
Miren ustedes aquí por la relación del elemento onírico con su inconciente. Es como un pequeño
fragmento de eso inconciente, como una alusión a eso; por su aislamiento se volvió
enteramente incomprensible (ver nota(98)).
c. Un paciente sueña dentro de un contexto más extenso: Alrededor de una mesa de forma
particular están sentados varios miembros de su familia, etc. Acerca de esta Mesa, se le ocurre
que ha visto un mueble así durante una visita a determinada familia. Después prosiguen sus
pensamientos: en esa familia había una relación particular entre padre e hijo; y enseguida
agrega que, en verdad, lo mismo sucede entre él y su padre. Por tanto, la mesa ha sido
recogida en el sueño para designar este paralelo.
Este soñante estaba familiarizado desde hacía mucho con los requerimientos de la
interpretación de sueños. A otro quizá le habría chocado que un detalle tan ínfimo como la forma
de una mesa se tomara como objeto de la pesquisa. Nosotros, en realidad, no declaramos
contingente ni indiferente nada de lo incluido en el sueño y esperamos obtener información
justamente del esclarecimiento de un detalle inmotivado tan ínfimo. Quizás ustedes se
asombren todavía de que el trabajo del sueño exprese el pensamiento «en casa ocurre
exactamente lo mismo que en casa de ellos» mediante la elección de la mesa. Pero también se
lo explicarán cuando se enteren de que la familia en cuestión lleva el apellido Tischler
{carpintero}. El soñante, haciendo que sus allegados tomen ubicación alrededor de esa Tisch
{mesa), dice que ellos también son Tischler. Observen ustedes, de pasada, cuán indiscretos
debemos ser por fuerza en la comunicación de tales interpretaciones de sueños. Esto les deja
ver una de las dificultades que les mencioné para la selección de ejemplos. No me hubiera sido
difícil remplazar este ejemplo por otro, pero probablemente habría evitado esta indiscreción sólo
al precio de cometer otra en su Jugar.
Me parece llegado el momento de introducir dos términos que habríamos podido usar desde
hace mucho. Llamaremos contenido manifiesto del sueño a lo que el sueño cuenta, y
pensamientos latentes del sueño a aquello oculto a lo cual debemos llegar persiguiendo las
ocurrencias. Atendamos un poco a las relaciones entre contenido manifiesto y pensamientos
latentes del sueño, tal como se muestran en estos ejemplos. Esas relaciones pueden ser muy
diversas. En los ejemplos a y b, el elemento manifiesto es también un ingrediente de los
pensamientos latentes, pero sólo un pequeño fragmento de ellos. De un producto psíquico vasto
y complicado, incluido en los pensamientos oníricos inconcientes, un pequeño trozo ha llegado
hasta el sueño manifiesto, como un fragmento de aquel o, en otros casos, como una alusión a
él, como un lema o una abreviación en estilo telegráfico. El trabajo de interpretación tiene que
completar, hasta formar un todo, esos jirones o esa indicación, tal cual se logró de manera
particularmente limpia en el ejemplo b. Un modo de la desfiguración en que consiste el trabajo
del sueño es, pues, la sustitución por un fragmento o una alusión. En e puede reconocerse,
además, otro nexo que veremos expresado con mayor pureza y nitidez en los ejemplos que
siguen.
d. El soñante saca al descubierto a una mujer (una mujer determinada, conocida de él) por
detrás de la cama. El mismo advierte, por la primera ocurrencia, el sentido de este elemento
onírico. Quiere decir: da a esa mujer la preferencia. (ver nota(99))
e. Otro sueña que su hermano está en una caja. La primera ocurrencia sustituye caja por
«armario» (Schrank}, yla segunda le da la interpretación: el hermano se restringe {schränkt
sich ein}.(Ver nota(100))
1. El soñante escala un monte desde el que tiene un panorama extraordinario, amplio. Esto
suena totalmente racional, quizá no haya nada que interpretar ahí, sino sólo averiguar la
reminiscencia de que procede el sueño y el motivo por el cual se evocó en ese momento. Pero
se equivocan ustedes; se demuestra que este sueño estaba tan necesitado de interpretación
como cualquier sueño confuso. En efecto, al soñante no se le ocurre nada sobre escaladas de
montes que él hubiera hecho, sino que piensa en la circunstancia de que un conocido de él
dirige una «Rundschau» {revista; literalmente: panorama, mirar en torno} que se ocupa de
nuestras relaciones con los lugares más remotos de la Tierra. Por consiguiente, el pensamiento
onírico latente es en este caso una identificación del soñante con el «Rundschauer» {el que
mira en torno}.
Descubren ustedes aquí un nuevo tipo de relación entre elemento onírico manifiesto y latente. El
primero no es tanto una desfiguración del segundo cuanto una figuración de él, su expresión en
imágenes plásticas, concretas, que toman como punto de partida la literalidad de ciertas
palabras. Pero precisamente por eso es de nuevo una desfiguración, pues en la palabra hemos
olvidado hace mucho la imagen concreta de que surgió, y ya no la reconocemos en su
sustitución por la imagen. Si reparan en que el sueño manifiesto consta prevalecientemente de
imágenes visuales, y más raras veces de pensamientos y palabras, sospecharán que esta
modalidad de la relación cobra particular importancia para la formación del sueño. Ven, además,
que por este camino se vuelve posible crear en el sueño manifiesto imágenes sustitutivas para
toda una serie de pensamientos abstractos, imágenes que sirven al propósito del ocultamiento.
Es la técnica de nuestros acertijos en imágenes. ¿De dónde les viene a tales figuraciones su
apariencia de algo chistoso? He ahí un interrogante especial que no nos hace falta abordar aquí
(ver nota(101)).
Hay un cuarto modo de la relación entre elemento manifiesto y latente que por ahora debo
callárselos, hasta que su lema se nos presente en la técnica. Tampoco entonces les habré
dado una enumeración completa, pero bastará para nuestros fines.
¿Ahora se atreven ustedes a intentar la interpretación de un sueño íntegro? Ensayémoslo para
ver si estamos suficientemente armados para esta tarea. Desde luego, no escogeré uno de los
más oscuros, pero sí uno que muestra bien destacadas las propiedades de un sueño (ver
nota(102)).
Muy bien; una mujer joven, pero casada desde hace muchos años, sueña: Está sentada con su
marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que
Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3
por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una
calamidad.
Lo primero que nos informa la soñante es que la ocasión del sueño es rozada en su contenido
manifiesto. Su marido le había contado realmente que Elise L., una conocida que tenía más o
menos su misma edad, acababa de celebrar su compromiso matrimonial. El sueño es la
reacción frente a esa comunicación. Ya sabemos que con respecto a muchos sueños es fácil
rastrear una ocasión así de la víspera, y que estas derivaciones suelen ser indicadas por el
soñante sin dificultad alguna. Informaciones de igual índole pone a nuestra disposición la
soñante, asimismo, respecto de otros elementos del sueño manifiesto. ¿De dónde proviene el
detalle de que un sector de la platea está desocupado? Es una alusión a un acontecimiento real
de la semana anterior. A ella se le había puesto en la cabeza asistir a cierta función teatral, y
para eso tomó entradas muy tempranamente, tanto que debió pagar un adicional por
reservación. Cuando llegaron al teatro se demostró lo superflua que había sido su precaución,
pues un sector de la platea estaba casi vacío. Habría bastado con adquirir las entradas el
mismo día de la función. Además, su marido no dejó de burlarse de ella por este
apresuramiento. ¿De dónde viene la cifra de 1 florín y 50 kreuzer? De un contexto por entero
diverso, que nada tiene que ver con lo anterior pero igualmente alude a una noticia del día previo.
Su cuñada había recibido como obsequio de su marido la suma de 150 florines, y no había
tenido nada más urgente que hacer, esa pavota, que correr al joyero y trocar el dinero por una
alhaja. ¿De dónde viene el 3? Sobre eso ella no sabe nada, a menos que quiera considerarse la
ocurrencia de que la novia, Elise L., es sólo 3 meses más joven que ella, mujer casada ya
desde hace casi diez años. ¿Y el disparate de que se tomen tres entradas cuando sólo eran
dos? Sobre eso nada dice, nos rehusa toda ocurrencia e información ulteriores.
Pero ella, en sus pocas ocurrencias, nos ha aportado material suficiente para que sea posible a
partir de él colegir los pensamientos oníricos latentes. Tiene que llamar la atención que en sus
comunicaciones sobre el sueño aparezcan, en varios pasajes, unas precisiones temporales
que fundamentan la existencia de una relación de comunidad entre diversas partes del material.
Ella se procuró demasiado temprano las entradas al teatro, las tomó apresuradamente, y tuvo
que pagarlas más; la cuñada se apresuró de manera parecida a llevar su dinero al joyero para
comprarse una alhaja, como si fuera a perderlo. Sumemos a esas expresiones tan destacadas,
«demasiado temprano» y «apresuradamente», la ocasión del sueño, la noticia de que la amiga,
3 meses más joven que ella, había conseguido no obstante un hombre de altas cualidades, y la
crítica expresada en el regaño a la cuñada: «Es un disparate apurarse tanto». Si tal hacemos,
nos surge de manera casi espontánea la siguiente construcción de los pensamientos oníricos
latentes, de los cuales el sueño manifiesto es un sustituto harto desfigurado:
«¡Fue sin duda un disparate de mi parte apurarme así con el casamiento! Por el ejemplo de
Elise veo que aun más tarde habría conseguido marido». (El apresuramiento es figurado por su
conducta hacia la compra de las entradas y la de su cuñada hacia la compra de la alhaja. El
ingresar en el teatro aparece como sustituto del casarse.) Ese sería el pensamiento principal;
quizá podemos proseguir, aunque con menor certeza, puesto que el análisis no habría debido
prescindir en estos puntos de los comentarios de la soñante: «¡Y habría conseguido uno 100
veces mejor a cambio del dinero!» (150 florines es cien veces más que 1 florín y 50 kreuzer). Si
nos fuera lícito sustituir el dinero por la dote, eso querría decir que es posible comprarse marido
con la dote; tanto las malas localidades como la joya remplazarían al marido. Aún más
satisfactorio sería sí precisamente el elemento «3 localidades» tuviera algo que ver con un
marido. Pero nuestra comprensión todavía no alcanza hasta ahí. Sólo hemos llegado a discernir
que el sueño expresa el menosprecio por su propio marido y el lamentarse por haberse casado
tan temprano.
Me parece que el resultado de esta primera interpretación de un sueño nos dejará más
sorprendidos y confusos que satisfechos. Es demasiado lo que se ha puesto a nuestra
consideración de un golpe, más de lo que por ahora somos capaces de dominar. Ya vamos
viendo que no agotaremos las enseñanzas de esta interpretación de un sueño. Apresurémonos
a poner de relieve lo que reconocemos corno nueva intelección ya asegurada.
En primer lugar: Cosa asombrosa, en los pensamientos latentes el acento principal recae sobre
el elemento del apresuramiento; en el sueño manifiesto no hallamos nada de eso. Sin el análisis
no habríamos obtenido vislumbre alguna de que este factor desempeña un papel. Parece
entonces posible que precisamente lo principal, lo central de los pensamientos inconcientes
falte en el sueño manifiesto. Eso no puede menos que modificar radicalmente la impresión que
produce el sueño todo. En segundo lugar: En el sueño se encuentra un agrupamiento
disparatado, 3 por 1 florín y 50 kreuzer; en los pensamientos oníricos colegimos la sentencia:
«Fue un disparate (casarse tan temprano)». ¿Cabe poner en duda que este pensamiento, «Eso
fue un disparate», es figurado precisamente recogiendo en el sueño manifiesto un elemento
absurdo? En tercer lugar: Una ojeada comparativa muestra que la relación entre elementos
manifiestos y latentes no es simple, no responde en absoluto al tipo en que un elemento
manifiesto sustituiría siempre a uno latente. Más bien tiene que ser una relación de masas entre
ambos campos, dentro de la cual un elemento manifiesto pueda subrogar a varios latentes, o
uno latente pueda estar sustituido por varios manifiestos.
En cuanto al sentido del sueño y a la conducta de la soñante hacia él, muchas cosas
sorprendentes habría que decir también. Ella admite por cierto la interpretación, pero se
asombra de ella. No sabía que despreciara tanto a su marido; tampoco sabe por qué habría de
despreciarlo así. Hay, entonces, muchas cosas aún no comprendidas. Creo realmente que
todavía no estamos armados para interpretar un sueño, y que primero tenemos que instruirnos
y prepararnos más.
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