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Estudio del psicoanálisis y psicología

EL PSICOANALISIS: SIGMUND FREUD, PRINCIPALES DISIDENTES. Grandes psicoanalistas heterodoxos (Melanie Klein)



EL PSICOANALISIS: SIGMUND FREUD, PRINCIPALES DISIDENTES

C. Melanie Klein. *
Nace en Viena (1882) en el seno de una familia pobre. Interesada por la obra de Freud. Y habiendo realizado un análisis personal con Ferenczi, comenzó a trabajar bajo la dirección de éste como psicoanalista infantil en una clínica de Budapest (1916). En 1924, después de haberse trasladado a Berlín, por invitación de Karl Abraham, comienza un segundo análisis con éste, a la muerte del cual, en 1925, ha de quedar interrumpido. A instancias de Jones se traslada definitivamente a Londres en 1926. En 1932 publica la obra que va a marcar las nuevas directrices de su teoría: El psicoanálisis de niños, causa de violentas discusiones en la Sociedad Psicoanalítica Inglesa. A sus ideas se opone, entre otros, Anna Freud, representante de la ortodoxia freudiana inglesa, que no acepta de Melanie ni su técnica de análisis del juego, ni su interpretación analítica de la transferencia. Poco antes de su muerte, acaecida en 1960, publica Nuevas direcciones en psicoanálisis (1955) junto a Paula Heimann y Money-Kyrle, con la firma de colaboradores como Rodrigué, Rosenfeld, Bion, Reviere y Segas, entre otros.
Melanie Klein es la fundadora de la Escuela Psicoanalítica Inglesa, que posteriormente se vio ampliada con grupos kleinianos importantes en Argentina y EE UU.
Esta escuela, además de sus contribuciones al análisis infantil, cuyas principales ansiedades definió como orales, ha permitido desarrollar una valiosa teoría para el estudio tanto de la psicosis como de los fenómenos grupales, con W. R. Bion como su más célebre representante, así como del análisis institucional con representantes como Elliot Jacques. También son relevantes las contribuciones de la escuela al estudio de la ética, la estética, y la creatividad. Los trabajos de Winnicott con sus conceptos de espacio intermedio y de objeto transicional 'son conocidos representantes de este último aspecto.
1. Fundamentos teóricos
La teoría de Melanie Klein hace hincapié en el estudio de las fantasías fundamentales en una etapa temprana del desarrollo del niño, relativas, por tanto, a las relaciones objetales primitivas.
Su concepción del niño, desde sus primeros trabajos, es la de un ser más complejo y sujeto a mayores ansiedades de 10 establecido por Freud.
En 1935 introduce la noción de posición depresiva. Son sus aportaciones funda-mentales, además, el énfasis en la importancia de la etapa oral del desarrollo, el situar el nacimiento de un superyó más temprano que el superyó edípico freudiano, y la importancia de la envidia, la agresión y la culpa como elementos determinantes de la etapa oral.
Melanie Klein distingue dos posiciones:
1. Posición esquizoparanoide: Abarca el primer semestre de vida, especialmente los tres o cuatro primeros meses. Su denominación se debe a que está caracterizada por ansiedad persecutoria y procesos de separación o escisión. Durante este período, el niño, pertrechado desde el nacimiento con un yo rudimentario, utiliza básicamente dos mecanismos defensivos: introyección y proyección, con los que maneja los dos instintos básicos que Freud estableciera en su última producción: Eros y Tánatos. La relación del niño con el objeto materno, representado por el pecho, está sujeta por tanto a la proyección de sus instintos amorosos en lo que se configura como el pecho bueno, y también de sus instintos agresivos, con lo que otra parte del mismo queda configurado como pecho malo.
La tarea del bebé en su lucha contra la ansiedad persecutoria será por tanto introyectar el pecho bueno, satisfactorio y gratificante, y proyectar y mantener alejado el pecho malo, lo que constituiría la primera matriz de la utilización de símbolos.
2. Posición depresiva: Hacia la mitad del primer año alcanza su momento álgido la posición depresiva, también denominada etapa del objeto total, en la cual los dos aspectos escindidos anteriormente son ahora sintetizados, con lo que se consigue tanto la integración del objeto como del yo. De la ambivalencia -amor y odio- hacia el objeto, van a surgir nuevos sentimientos de culpa que pondrán en marcha los mecanismos reparadores y de protección del objeto. Se trata, por tanto, de una lucha, concebida en términos éticos debido al papel atribuido a la culpa, entre Eros y Tánatos. Como defensa ante estos penosos sentimientos de culpa cuando los mecanismos reparadores son insuficientes, el sujeto puede o bien regresar a la anterior posición persecutoria o bien utilizar otro tipo de defensa también regresiva, la defensa maníaca, que tiene como objeto la negación del conflicto y la culpa, y la huida.
De nuevo aquí la proyección del conflicto por el niño ayudará tanto a su elaboración como a la configuración de una relación simbólica con otros objetos. La angustia de las posiciones esquizoparanoide y depresiva no serán nunca, en cualquier caso, elaboradas definitivamente, pudiéndose apreciar fácilmente su efecto en la vida de los grupos, así como en la expresión artística.
Complejo de Edipo
La ampliación del campo emocional e intelectual que supone la consolidación en la posición anterior, conduce al niño a una tercera posición que aparece al final de la posición depresiva, denominada Edipo temprano. En este momento, el niño descubre las relaciones amorosas que unen a sus padres; esto va a provocar que fantasee esas relaciones proyectando todos sus deseos libidinales, así como sus temores (fantasías de coito continuo). Al sentirse excluido de estas relaciones, que el niño configura tal y como las desea para sí, experimenta una reacción agresiva, destruyendo a la pareja parental en su fantasía. Aparece así la fantasía persecutoria de los padres combinados o de la madre con atributos de varón.
Otra de las diferencias entre la formulación kIeiniana y la freudiana consiste en el énfasis puesto por Klein en una elección de objeto homosexual previa a la heterosexual. En su posición edípica femenina, entonces, el niño es enemigo y rival de la madre, envidiando la capacidad de parir y alimentar niños. Sus primitivos deseos libidinosos, secundados por fantasías reparatorias, impulsarán al niño a compensar a su objeto dándole placer genital y niños, y contribuirán a la genitalizaciòn y consolidación de la heterosexualidad del niño, desembocando en el complejo de Edipo clásico.
Formación del superyó
El superyó, cuya .aparición era, según Freud, producto del complejo edípico posterior a las fases oral y anal, tiene para Melanie Klein una formación mucho más temprana. En su opinión, todos los procesos de internalización intervienen-en la formación del superyó, y por lo tanto éste comienza con el primer objeto internalizado: el pecho materno. El núcleo de superyó estará constituido así, de un lado por la internalización de un objeto dañado y persecutorio, y de otro por la de un pecho bueno, gratificante y protector. El temor a la castración paterna, característico de la posterior posición genital, no sólo estará caracterizado por la ansiedad ante la pérdida del órgano y de la capacidad de placer sexual, sino también por el temor a la pérdida de la capacidad de expresar amor, impulsos creativos y reparadores. Se apunta, por tanto, un componente depresivo en la ansiedad de castración que se resume en una completa desvalorización.
Envidia, celos y voracidad
Melanie Klein identificó la envidia, contraria a la gratitud, como uno de los sentimientos tempranos fundamentales. La envidia actúa desde el nacimiento, siendo por tanto predecesora del sentimiento edípico de los celos descrito por Freud. En este último, el objetivo sería poseer al objeto amado y excluir al rival, pero está basado en el reconocimiento y la aceptación de la existencia de un objeto separado y diferente del niño, que se puede poseer y perder.
En la envidia, en cambio, sentimiento evolutivamente anterior, el objetivo es la incorporación y completa asimilación del objeto envidiado o, en último término, su destrucción. Se produce por la incapacidad del niño para introyectar un objeto suficientemente bueno.
La voracidad, que acompaña siempre a la envidia, sería una forma de vinculación con el objeto caracterizada por la tendencia a exigirlo todo de él de una forma insaciable.
El papel de la envidia es esencial en el desarrollo del niño, ya que cuando es muy intensa imposibilita la actuación de los mecanismos de reparación. Éstos consisten en una serie de procesos por los que se deshace el daño hecho, restaurando, reviviendo, preservando -inhibiendo los impulsos sádicos y agresivos- imaginariamente el objeto. Así, cuando el objeto, está demasiado destruido, todo el juego de introyecciones y proyecciones del objeto bueno, con el que van configurándose el yo y el superyó, se ven dificultados.
En su trabajo analítico con niños, Melanie Klein concluyó que todas las ansiedades psicóticas (esquizoparanoides y maniacodepresivas) están determinadas por el sadismo oral, es decir, por una agresividad oral exacerbada en esta etapa.
2. Método. La técnica del juego
Melanie Klein desarrolló una técnica especial para poder realizar el análisis de niños superando la imposibilidad de utilizar con, ellos las herramientas clásicas: la asociación libre y el relato de sueños y fantasías. En lugar de palabras, Klein ofrecía juguetes a sus pequeños pacientes invitándoles a jugar libremente y, a continuación, interpretaba su juego, es decir, describía verbalmente los sentimientos y fantasías que creía que el juego expresaban.
En La técnica psicoanalítica del juego: su historia y significado (1955) dice textualmente: «Los juguetes de cada niño son guardados en cajones particulares, y así cada uno sabe que sólo él y el analista conocen sus juguetes, y con ellos su juego, que es el equivalente a las asociaciones del adulto [...] es parte de la relación privada e íntima entre el analista y el paciente, característica de la situación de transferencia psicoanalítica».
La escuela kleiniana concede, asimismo, una importancia primordial a la interpretación de las ansiedades y temores transferenciales del paciente, ofreciendo interpretaciones más «profundas» -es decir, relativas a la posición oral- que el resto de sus colegas ortodoxos. Tanto más si consideramos el hecho de que la más influyente representante de! psicoanálisis ortodoxo inglés; Anna Freud, fue la iniciadora de 10 que se ha denominado psicoanálisis del yo, corriente que alcanzaría en EE UU un gran desarrollo -con representantes tan conocidos como Erich Fromm-, y que sostuvo una tendencia claramente diferente, poniendo el énfasis en el análisis de las funciones yoicas.

Notas:
* Amaya Ortiz de Zárate.

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